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Comentarios del Secretario de Justicia de los EE.UU. Eric Holder en la cena de entrega de premios de la Fundación de Defensores y Líderes de la Policía y la Comunidad (ALPACT)
Detroit, MI
United States
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19/11/2009

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Gracias, Terry. Me gustaría agradecer a la Fundación de Defensores y Líderes de la Policía y la Comunidad [Advocates and Leaders for Police and Community Trust (ALPACT)] por la oportunidad de estar con ustedes esta noche. También me gustaría agradecer al Intendente Bing por recibirme aquí en Detroit.

Es un placer estar hoy con ustedes en la "Motor City". Me enorgullece participar en el primer banquete anual de la ALPACT y agradezco la oportunidad de hablar de un tema que me interesa profundamente: fomentar la colaboración entre agencias de las fuerzas del orden público y las comunidades a las que sirven. No se me ocurre una mejor ocasión para mi primer viaje al sudeste de Michigan como Secretario de Justicia de los EE.UU.

Hace cuarenta y dos años, esta ciudad fue testigo de lo peor que puede suceder cuando se rompen las líneas de comunicación entre las agencias del orden público y las comunidades que juraron proteger. Esta ciudad todavía tiene cicatrices de uno de los peores períodos de descontento social de la historia de nuestro país. Durante más de cuatro décadas, esta ciudad y las comunidades que la rodean han trabajado con ahínco para sanar esas heridas. Muchos de quienes están aquí esta noche han pasado una parte importante de sus carreras dedicados a esa labor.

No existía una ALPACT hace cuarenta y dos años: no había ninguna manera institucionalizada en que las agencias de las fuerzas del orden público se comunicaran con los hombres y las mujeres que representaban la comunidad cada vez más diversificada de Detroit. El trabajo de la ALPACT para crear un diálogo de este tipo hace más de una década no podría haber sido más oportuno, o más importante.

Hemos realizado grandes avances en las últimas cuatro décadas, en parte gracias al trabajo de la ALPACT en los últimos diez años. Es por eso que es tan importante fomentar un compromiso constante con la comunicación y colaboración entre agencias de las fuerzas del orden público y organizaciones comunitarias. Reconozco que este diálogo no siempre será sencillo. No siempre estaremos de acuerdo. Habrá incidentes que tenderán a dividirnos. Pero nuestras iniciativas de coacción tendrán más éxito – y nuestras comunidades serán más seguras – si quienes formamos parte de las fuerzas del orden público trabajamos codo a codo con las personas a quienes servicios y si esas comunidades cooperan con nosotros.

Fui testigo de esto cuando serví como Fiscal Federal para el Distrito de Columbia. Estoy comprometido a apoyar una participación comunitaria significativa por parte de las fuerzas del orden público como Secretario de Justicia de los EE.UU.

Pero solo una comunicación honesta no alcanza. Las comunidades a las que servimos deben ver nuestro compromiso con hacer valer imparcialmente las leyes de nuestro país: todos los días. Nuestras comunidades deben saber que hacemos valer las leyes que protegen nuestros derechos civiles con el mismo vigor que las leyes que protegen nuestra seguridad pública. Les puedo asegurar que bajo mi liderazgo, el Departamento de Justicia hará valer todas las leyes de nuestro país, con la misma convicción.

Recientemente le di la bienvenida a Tom Perez en su regreso al Departamento de Justicia para liderar nuestra División de Derechos Civiles. Sé que Tom comparte este compromiso. Le he encomendado a Tom que haga que la División vuelva a su rol tradicional – y el lugar que le corresponde – como la mayor agencia de coacción de derechos civiles del país. También le he encomendado a Tom que prepare la División de Derechos Civiles para afrontar los desafíos de derechos civiles emergentes del siglo XXI.

Confío en que Tom es la persona correcta para este trabajo. Estoy seguro de que quienes trabajan de cerca con la División de Derechos Civiles encontrarán en él a un asociado capaz y dedicado. Nuestro trabajo ya ha comenzado. Desde que regresé al Departamento de Justicia en enero, la División de Derechos Civiles ha tomado pasos importantes para darle nuevo ímpetu a sus tareas tradicionales de coacción.

En septiembre, obtuvimos la tercera declaración de culpabilidad en el incendio del Centro Islámico de Columbia, Tennessee. Tres hombres pintaron con aerosol cruces esvásticas y las palabras "poder blanco" en las paredes de la mezquita y luego la incendiaron completamente. Estos tres hombres serán sentenciados en la próximas semanas y cada uno de ellos enfrenta hasta 30 años de prisión.

A principios de este mes, la División de Derechos Civiles anunció el mayor acuerdo conciliatorio en un caso de alquiler bajo la Ley de Vivienda Justa de la historia del Departamento de Justicia. Un casero de Los Ángeles aceptó pagar casi 3 millones de dólares en daños por discriminar a familias afroestadounidenses, familias latinas y familias con niños. No podemos permitir que este tipo de discriminación persista en los mercados de vivienda de nuestro país y este Departamento de Justicia está comprometido a ponerle fin.

Sé cuánto ha afectado a Michigan la crisis de ejecuciones hipotecarias, especialmente al sudeste de Michigan. En todo el país, muchas comunidades de color han sido particularmente golpeadas, en algunos casos por prácticas discriminatorias en los préstamos. La División de Derechos Civiles está comprometida a trabajar con nuestros asociados en el gobierno federal y en gobiernos estatales y locales para eliminar violaciones en el otorgamiento justo de préstamos como el "redlining", la discriminación en los precios y el direccionamiento de solicitantes calificados de minorías hacia hipotecas de alto riesgo.

Sé que las primeras reuniones de la ALPACT, hace más de una década, estuvieron dedicadas al tema de la tipificación racial. Comprendo la importancia de este tema y la manera en que la discriminación puede dejar una marca perdurable en comunidades y personas.

Hace muchos años, cuando estudiaba en la universidad, estaba manejando de Nueva York a Washington. Un agente me detuvo y me pidió que abriera el maletero de mi auto porque, según dijo, quería corroborar que no hubiera armas. Yo lo obedecí. Han pasado muchos años. Pero todavía recuerdo lo humillado que me sentí – lo enojado – cuando volví al auto y seguí mi camino. Mi historia no es para nada excepcional. Es por eso que me complace contarles que a principios de este año, solicité una revisión interna de las directrices del Departamento sobre el uso de la raza por parte de agencias federales de las fuerzas del orden público. La tipificación racial no constituye un buen tipo de coacción.

La gran mayoría de los agentes de las fuerzas del orden público sirven honradamente a sus comunidades todos los días. Se sacrifican por nosotros y su trabajo hace que estemos más seguros. El Departamento de Justicia no permitirá que actos de discriminación por parte de algunos departamentos empañen injustamente el trabajo hecho por muchos otros departamentos excelentes. Pero tampoco toleraremos actos de discriminación por parte de nadie que haya realizado un juramento de proteger a cada uno de los miembros del público.

Amigos míos, el compromiso del Departamento hacia la protección de los derechos civiles nunca ha sido más fuerte. Asimismo, el Departamento de Justicia nunca ha estado más comprometido con la participación significativa de las comunidades a las que servimos. Pero como dije anteriormente, el diálogo entre las agencias de las fuerzas del orden público y las comunidades de nuestro país no siempre será fácil, pero siempre debe ser mutuo.

En particular, el diálogo entre las fuerzas del orden público y los miembros de comunidades musulmanas y árabe-estadounidenses ha sido puesto a prueba en las últimas semanas: por sucesos ocurridos aquí en Michigan y en otros lugares. Nuestra determinación no debe flaquear. Debemos renovar nuestro compromiso con la comunicación abierta, incluso cuando estamos en desacuerdo. Y debemos trabajar juntos para asegurar la continuación de nuestra colaboración. El bienestar de nuestras comunidades depende de eso. Y las personas a las que servimos tienen derecho a no esperar menos que eso.

Permítanme aclarar. El Departamento de Justicia está totalmente comprometido con la protección de nuestra seguridad nacional. Gracias a la vigilancia de nuestras agencias de las fuerzas del orden público y de inteligencia, hemos descubierto y evitado numerosas amenazas serias a la seguridad doméstica e internacional. Arrestos recientes en Nueva York, Chicago, Springfield y Dallas evidencian nuestro éxito en la identificación de complots incipientes y la detención de atacantes potenciales antes de que logren atacar.

Seguiremos usando todas las herramientas a nuestra disposición para desbaratar ataques potenciales. Y enjuiciaremos a quienes los planifican con todo el peso de la ley.

Como Secretario de Justicia de los Estados Unidos, mi mayor responsabilidad es esta y no siento que me deba disculpar por eso. Pero también tengo la responsabilidad de asegurar la aplicación justa de las leyes y protecciones constitucionales de nuestro país. No existe una contradicción entre ambas. Me aboco con gusto a esos dos deberes.

Compartí la indignación que todos los estadounidenses sintieron luego de la masacre de Fort Hood. Y estoy con los miembros de la comunidad musulmana y árabe-estadounidense que condenaron estos hechos de manera tajante. El extremismo, cualquiera sea su forma, es una amenaza para todos nosotros. El terrorismo no respeta fronteras ni a inocentes.

Pero frente a esta atrocidad, no debemos olvidar que prácticamente todos los musulmanes y árabe-estadounidenses llevan vidas honradas y satisfactorias: trabajando mucho, criando a sus hijos, amando a sus familias y apoyando a sus comunidades.

En los últimos nueve meses, he hablado con musulmanes y árabe-estadounidenses que se sienten incómodos con su relación con nuestro gobierno, que se sienten aislados y discriminados por las fuerzas del orden público. Algunos de ellos me dijeron que sienten que no gozan de todos los derechos que poseen los ciudadanos y – lo que es igual de importante – que no se los deja ejercer las responsabilidades de los ciudadanos. Esto es intolerable.

Ningún estadounidense debe sentir que se le niegan las protecciones de nuestra Constitución o del gobierno creado bajo la misma. La tensión que surge entre ciudadanos de diferentes fes y entre el gobierno y ciudadanos de una fe particular, es inaceptable. No se condice con lo que los Estados Unidos representan. Todos somos estadounidenses, sin importar el color de nuestra piel, sin importar el país del que provenga nuestra familia y sin importar nuestras prácticas religiosas. Todos poseemos derechos inalienables: junto con responsabilidades cívicas.

Es por eso que quienes trabajamos en el Departamento de Justicia estamos comprometidos a encontrar y enjuiciar a quienes cometan actos violentos motivados por prejuicios contra musulmanes o árabe-estadounidenses con base en la religión o el origen nacional. Y estamos comprometidos a trabajar con nuestros asociados en agencias estatales y locales de las fuerzas del orden público para ayudar en la investigación y el enjuiciamiento de estos delitos motivados por el odio.

Estamos comprometidos a proteger los derechos de todos los estadounidenses – entre ellos los musulmanes – de practicar su religión sin discriminación, ya sea en el lugar de trabajo o en la escuela. Esto no representa una adhesión ciega a la corrección política, sino que representa nuestra devoción a nuestros documentos fundacionales.

El Departamento de Justicia está comprometido a trabajar en causa común con musulmanes y árabe-estadounidenses para hacer que todas nuestras comunidades sean más seguras. Debemos hacerlo de manera tal de reflejar nuestros valores en común. Respetar las libertades civiles y el imperio de la ley no nos debilita o hace que nuestro país esté menos seguro. Por el contrario, el respeto de estos valores fundamentales desarrolla la confianza necesaria para lograr comunidades y asociaciones eficaces entre gobiernos y comunidades: las condiciones esenciales para nuestra seguridad colectiva.

Somos un país de inmigrantes. Esta es la mayor fortaleza de nuestro país. Algunos estadounidenses llegaron en busca de una mejor vida. Algunos llegaron cautivos. No obstante, prácticamente todos nosotros podemos rastrear nuestra ascendencia a otro lugar del mundo. No puede existir un "nosotros" y "ellos" entre ciudadanos estadounidenses. Las fuerzas del orden público deben seguir trabajando para asegurarse de que los miembros de comunidades musulmanas y árabe-estadounidenses no sean tratados como menos "estadounidenses" que cualquier otra comunidad. Y, amigos míos, los musulmanes y árabe-estadounidenses deben seguir trabajando con nosotros.

Esta ciudad ya ha enfrentado épocas difíciles. El desafío que enfrentamos hoy nos da la oportunidad de reafirmar nuestro compromiso con los ideales más apreciados de nuestro país y de probar que pueden hacer que estemos más seguros, no más vulnerables; y que nos pueden unir, no dividirnos. Aprovechemos juntos esta oportunidad. Espero trabajar con todos ustedes. Gracias.