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Discurso del Secretario de Justicia de los Estados Unidos Eric Holder en la Conferencia del 50° Aniversario del Comité de Coordinación de No Violencia Estudiantil
Raleigh, NC
United States
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17/04/2010
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Comentarios preparados para discurso:

Gracias, Congresista John Lewis. Me llenan de humildad sus amables palabras. Y sigo inspirándome con el ejemplo de liderazgo y servicio que usted nos brinda a todos nosotros.

Hace casi medio siglo, durante uno de los capítulos más dolorosos, y vergonzantes, de la historia de nuestro país, su valentía y compostura frente a
la violencia con riesgo de vida hizo salir a la luz lo mejor de una generación. Y en el día en que el Dr. King lideró a cientos de miles de estadounidenses en una marcha en Washington y compartió su Sueño con el mundo, las palabras que usted dijo establecieron el credo que guió a las personas dedicadas a la causa de la Justicia y la promesa de igualdad: el credo que nos sostiene hasta el día de hoy.

A la sombra del Monumento a Lincoln, de pie al lado del Dr. King, usted declaró que "Nuestras mentes, almas y corazones no pueden descansar hasta que la libertad y la justicia existan para todos".

Esas palabras eran ciertas en 1963. Siguen siendo ciertas hoy.

Es esta verdad lo que nos reúne hoy aquí. Es un honor formar parte de estos días importantes de reflexión y reevaluación. Estoy agradecido de estar con ustedes para conmemorar el 50° aniversario del Comité de Coordinación de No Violencia Estudiantil [Student Nonviolent Coordinating Committee (SNCC)] y celebrar el progreso que muchos de quienes están en esta iglesia ayudaron a lograr.

Hoy también celebramos la vida y lloramos la pérdida del Dr. Benjamin Hooks, uno de los mayores líderes de derechos civiles de nuestro país. El Dr. Hooks sirvió a nuestro país de muchas maneras: como pastor, juez, abogado, activista, empresario y veterano. Su extraordinario compromiso con la causa de la igualdad en la justicia ayudó a abrirles las puertas de la oportunidad a los muchos que le siguieron los pasos, y su liderazgo visionario ayudó a dirigir a la Asociación Nacional para el Progreso de Personas de Color [National Association for the Advancement of Colored People (NAACP)] en una de sus épocas más difíciles.

Al recordar y honrar los logros y contribuciones del Dr. Hooks, ofrecemos nuestro más sentido pésame a la familia Hooks. Si bien se extraña al Dr. Hooks, hay mucho para celebrar en la vida que vivió, el ejemplo que dio y en la inspiración que su memoria seguirá dándonos. No tengo dudas de que el Dr. Hooks nos sonríe desde el Cielo, feliz de ver la gran cantidad de personas reunidas hoy aquí.

Hoy, ustedes son tantos. Pero vale la pena hacer una pausa para recordar que hace medio siglo – en los inicios – solo había unos pocos. Cuatro jóvenes – Franklin McCain, David Richmond, Joseph McNeil y Ezell Blair, Jr. – se juntaron, unidos por una esperanza en común y por una idea audaz no probada. Y el 1 de febrero de 1960, en un comedor en Woolworth´s en Greensboro, pusieron en acción su idea.

El día siguiente, una fotografía de estos jóvenes, sentados desafiantemente en
banquetas "solo para blancos", apareció en la portada del Greensboro Record, sobre una leyenda profética de tres palabras que lo decía todo: "Estudiantes comienzan movimiento".

Al final del día, a esos cuatro estudiantes se habían unido docenas más y, no mucho tiempo después, decenas de miles más. Este destello de esperanza, primero generado por un pequeño círculo de estudiantes en el campus de A&T de Carolina del Norte, rápidamente se expandió a Durham y Chapel-Hill, a Winston-Salem y Concord, a Raleigh y, poco tiempo después, a todos los estados del sur. Gracias al SNCC, gracias a ustedes, lo que comenzó en Greensboro como una política de protesta se convirtió, en todos los Estados Unidos, en una filosofía de progreso y una búsqueda demasiado demorada de justicia e igualdad.

Fue en este mismo día – 17 de abril – exactamente hace cincuenta años, que esta filosofía se convirtió en la base de un movimiento que cambiaría para siempre el curso de la historia de nuestro país. Ese día, los fundadores del SNCC adoptaron una estrategia de confrontación no violenta, no meramente como táctica para promover los derechos civiles, sino como un fin en sí mismo. "Al apelar a la conciencia y basarse en la naturaleza moral de la existencia humana", escribieron en su declaración de misión, "la no violencia nutre la atmósfera en la cual la reconciliación y la justicia se convierten en posibilidades concretas".

Y eso, obviamente, es justo lo que sucedió. A medida que su trabajo se expandía – desde sentadas hasta marchas, desde viajes en autobús por la libertad hasta votos por la libertad – estos jóvenes líderes crearon un legado de no violencia que ha sido emulado por todos los movimientos sociales exitosos en los Estados Unidos desde ese entonces. Y a medida que iban teniendo éxito, nuestra sociedad – y nuestras leyes – se acercaban un paso más a cumplir su promesa de igualdad en la justicia para todos.

Muchos de ustedes conocen esta historia mucho mejor que lo que yo puedo narrarla. Ustedes la vivieron. Ustedes estuvieron allí, formando parte de esos primeros días. Algunos de ustedes pusieron en riesgo sus vidas para lograr el progreso perdurable que ahora celebramos. Ustedes eran, como dijo una vez el Secretario Ejecutivo del Comité James Forman, "una banda de hermanos y hermanas – un círculo de confianza – que creían en las personas y en su poder para cambiar sus vidas".

Menciono esta historia porque simplemente no existe una mejor guía al establecer nuestro rumbo para el futuro. Desde ya hace más de dos siglos, el pueblo estadounidense ha luchado para cumplir la promesa de nuestro sistema judicial. Tengo mucha fe en este sistema. Es un aspecto esencial de la base de nuestra democracia. Pero también sé que, lamentablemente, nuestro sistema legal no siempre ha reflejado nuestros más altos ideales.

Antes de que el SNCC ayudara a ponerle fin a la segregación, nuestro sistema legal
debilitaba los mismos derechos y privilegios que debería haber estado protegiendo. Desde esos días oscuros, hemos hecho grandes progresos. Y, si bien debemos hacer las paces con este pasado, nunca debemos olvidarlo o desestimarlo. Analizar esta parte de la historia nos da una mayor oportunidad de avanzar. También nos ayuda a comprender la sospecha persistente de algunas personas de que, por ejemplo, el sistema de justicia
criminal no trata a los afroestadounidenses o a otras personas de color de manera justa. Y esta historia ilumina algunas de las maneras en que nuestro antiguo sistema legal sigue afectando las condiciones actuales en algunas de las comunidades afroestadounidenses más vulnerables de nuestro país. De hecho, esta historia es un poderoso recordatorio de los efectos persistentes de la injusticia y las consecuencias de las violaciones a los derechos humanos.

Quizás estas consecuencias sean más evidentes cuando se examina el estado actual de nuestra economía. En los últimos dos años, hemos enfrentado las crisis financieras más graves en generaciones. Sin duda, la recesión afectó a estadounidenses de todos los grupos étnicos y raciales, y de todas las clases y edades: cerrando los prospectos de trabajo tanto manual como administrativo. Sin embargo, las consecuencias para comunidades afroestadounidenses han sido mucho más graves que los promedios nacionales. Aun hoy, cuando nuestro país comienza a emerger de la recesión, el desempleo entre jóvenes negros varones, de entre 16 y 24 años, ha llegado a porcentajes no vistos desde la Gran Depresión. Y jóvenes negras de la misma edad ahora tienen una tasa de desempleo de más del 26 por ciento, 11 puntos por encima de la tasa de desempleo de todas las mujeres entre 16 y 24 años.

Estas disparidades económicas tendrán consecuencias a largo plazo para todos los estadounidenses. Y deben preocuparnos a todos. Después de todo lo que hemos trabajado para lograr, no debemos permitir que esta próxima generación sea la primera en décadas en no alcanzar o superar el estándar de vida de sus padres.

Pero tales disparidades, como saben, no se limitan a asuntos financieros. Hace poco más de un mes, la Comisión de Sentencias de los EE.UU. divulgó un estudio que determinó que los hombres afroestadounidenses y latinos tienen más posibilidades de recibir sentencias a prisión más largas que sus compatriotas blancos: una realidad agravada por la disparidad entre las sentencias por cocaína crack y cocaína en polvo que afortunadamente ahora el Congreso está tomando medidas para reducir. Y la semana pasada, un Juez Federal de Distrito – a pedido de la División de Derechos Civiles del Departamento de Justicia – le ordenó al Distrito Escolar del Condado de Walthall en Tylertown,
Misisipi – a pocas millas del lugar donde el SNCC plantó las semillas de su campaña de urnas de la libertad en 1961 – que cumpliera con una orden de casi cuatro décadas de antigüedad para detener prácticas que fomentaban la resegregación de sus escuelas.

Los desafíos actuales nos recuerdan que tenemos mucho por hacer, a pesar del progreso que hemos logrado en la creación de una nación más igualitaria. Puede resultar tentador – al observar la diversidad de las personas que caminan por los pasillos del Congreso o al hombre que se sienta en la Oficina Oval – pensar que se ha logrado la igualdad en la justicia para todos los estadounidenses. Hemos tenido enormes progresos como nación. Pero hará falta mucho más que la elección del primer Presidente afroestadounidense para cumplir plenamente la promesa de igualdad para todos los estadounidenses. Y sin lugar a dudas hará falta algo más que la designación del primer Secretario de Justicia de los EE.UU. afroestadounidense para asegurarnos de que el sistema judicial de los Estados Unidos refleje los valores y principios consagrados en los documentos fundadores de nuestro país.

Quienes trabajamos en el Departamento de Justicia nos volvimos a comprometer con este trabajo. Estamos fortaleciendo las protecciones de los derechos civiles en el empleo, la vivienda, el voto y la emisión de sentencias, y hemos lanzado una nueva iniciativa ideada para expandir el acceso a la justicia.

Creo que todos los estadounidenses, y sin lugar a dudas todos quienes están en esta iglesia, pueden tener un papel en la promoción de este trabajo: en reavivar el espíritu de justicia que comenzó en comedores en abril de 1960 y electrizó a todo el país. Obviamente estoy hablando en especial a los muchos estudiantes universitarios que están hoy aquí. Contamos con ustedes para desarrollar los logros del SNCC y aprovechar las oportunidades y dones que se les han dado para ayudar a otros a alcanzar su potencial y promover aún más la causa de la justicia y garantizar que la promesa de igualdad de oportunidades de nuestro país finalmente logre cumplirse.

La presencia de ustedes aquí hoy me brinda gran esperanza sobre nuestro futuro. Una y otra vez, el pueblo estadounidense – a menudo por insistencia de los jóvenes – ha comprobado que no será disuadido por el doloroso pasado de nuestro país. Debemos seguir aplicando las lecciones que aprendimos de la historia para acelerar nuestro trabajo y abrir las puertas de la oportunidad para todos.

En este día histórico, al celebrar el 50° Aniversario del inicio del SNCC, no puedo evitar ser optimista. Y no puedo evitar recordar el profético recordatorio del Dr. King cuando dijo que "el arco del universo moral es largo, pero se inclina hacia el lado de la justicia". Creo que el Dr. King tenía razón, en parte por el progreso que he presenciado durante mi propia vida y la increíble sanación que he observado. Como niño en Nueva York, alenté a los Brooklyn Dodgers y su jugador estrella de segunda base, Jackie Robinson. En mi infancia, vi a Vivian Malone – una mujer que luego se convertiría en mi cuñada – pasarle por al lado a George Wallace para integrar la Universidad de Alabama. Como adolescente, sentí expandirse el alcance de mis propios sueños cuando vi a Thurgood Marshall asumir su cargo histórico en el mayor tribunal de nuestro país. Como adulto, he tenido el privilegio de servir al primer Presidente afroestadounidense de nuestro país. Y ahora tengo el honor indescriptible de liderar el Departamento de Justicia de nuestro país como el primer Secretario de Justicia de los EE.UU. afroestadounidense.

Este progreso no hubiera ocurrido, y no hubiera podido ocurrir, sin el trabajo del SNCC. Quiero ser muy claro: existe una línea directa, una línea directa, desde ese comedor hasta la Oficina Oval y al quinto piso del Departamento de Justicia de los Estados Unidos donde se sienta el Secretario de Justicia. Hoy, estando frente a líderes a quienes he admirado toda mi vida, comprendo plenamente que también me apoyo sobre sus hombros. Es por eso que estoy aquí para decir simplemente "gracias". El camino que he tenido la suerte de recorrer fue allanado por su sacrificio, coraje, convicción y, por sobre todas las cosas, por sus actos. Sé que lo que casi parece fácil mirando viejos videos de hace cincuenta años fue inimaginablemente difícil y aterrador. A pesar de esto, el SNCC y el movimiento que inspiró perseveraron y tuvieron éxito.

Ahora, juntos, debemos continuar avanzando en este largo camino hacia la justicia y la igualdad. Si bien nuestro progreso todavía puede parecer lento y estancado a veces, cada uno de nosotros tiene el poder, y la obligación, de asegurarse de que el camino siga. Juntos, podemos construir una unión más inclusiva, más justa y más perfecta. Y debemos hacerlo. Como bien dijo John Lewis, "Nuestras mentes, almas y corazones no pueden descansar hasta que la libertad y la justicia existan para todos".

Ante eso, solo me queda decir, "Amén".

Gracias.