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El Secretario de Justicia de los Estados Unidos Eric Holder en la convocación de la Escuela de Leyes de la Universidad de Boston
Boston, MA
United States
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16/05/2010
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Dean O’Rourke, distinguido cuerpo docente, padres, familiares y amigos orgullosos, y sobre todo, miembros de la clase de 2010. Es un orgullo saludarlos. Me siento honrado de acompañarlos en el día que, más que cualquier otro, marca el inicio de su peregrinación de servicio a la ley - y al pueblo que la misma protege y faculta.

Están bien preparados para esta peregrinación - y para muchos otros logros. No solo han sido capacitados en una de las más distinguidas escuelas de leyes de nuestra nación, sino que también han sido alumnos de algunos profesores extraordinariamente completos. Además de en derecho constitucional, el Profesor Baxter les ayudó a dominar posiciones de yoga correctas. Del Profesor Ryckman, aprendieron sobre el derecho de propiedad - y la moda. Y el Profesor Pettit aseguró que comprendieran tanto el derecho de contratos como del consumidor, así como el valor que tiene poder cantar un "rap" con nuestro código legal.

Hoy, al dejar a profesores que nunca olvidarán y amigos en los que han aprendido a confiar, están ingresando a un mundo incierto -- un mundo que lleva la carga de la recesión pero que muestra señales de recuperación, una época de desafíos sin precedentes, una era de nuevas amenazas y un periodo de guerra. Sé que las circunstancias que enfrentan no son lo que imaginaban, o esperaban, cuando llegaron por primera vez a este campus.

Sin embargo, deben resistirse a la tentación de sentir que tuvieron mala suerte. No tuvieron mala suerte -- recibieron una rara oportunidad. Consideren los muchos ejemplos a lo largo de la historia de personas de la edad de ustedes, con exactamente su capacitación, que han mejorado nuestro país y fortalecido las estructuras y reglas que rigen a nuestra sociedad. Y consideren cuántos de esos líderes recibieron capacitación en la ley.

También deben considerar cuántos otros alumnos han pasado por este campus durante épocas similares de grandes desafíos. De hecho, la clase inaugural de estudiantes de derecho de
la Universidad de Boston (BU) llegaron aquí durante algunos de los días más dramáticos y difíciles de la larga historia de esta ciudad. Fue en 1872 que esta Universidad dio la bienvenida a su primera clase de futuros abogados - un año en el que ocurría el Gran Incendio de Boston que destruyó a gran parte del centro de la ciudad y casi todo su distrito financiero. Meses más tarde, ocurrió el Pánico de 1873, lanzando una depresión nacional y mundial. Cuando esa primera clase recibió sus diplomas, nuestra Unión estaba luchando para reconstruirse, aun esforzándose por entender el asesinato del Presidente, y aun buscando navegar a través de la red de preguntas legales surgidas, y cambios legales realizados, después de la Guerra Civil.

Y ustedes creían que tuvieron mala suerte.

Esos alumnos, como muchos que siguieron sus pasos, descubrieron algo que ustedes pronto aprenderán. Los tiempos de dificultad, de preguntas novedosas y pruebas nuevas, suelen ser las épocas más emocionantes, y más críticas, para ser un abogado. Desde las primeras épocas de nuestra nación, sabemos que el servicio y los aportes de los abogados - y, con mucha frecuencia, de abogados jóvenes - han mantenido en movimiento nuestro gran experimento estadounidense. A lo largo de nuestra historia, jóvenes abogados estuvieron en las líneas de frente de las iniciativas para abolir la esclavitud y la segregación, lograr derechos electorales para las mujeres y derechos civiles para todos, y proveer
servicios médicos para nuestros ancianos y pobres, y garantizar remuneraciones decentes para nuestros trabajadores.

Y ahora, graduados, les toca a ustedes.

Al decirles esto, recuerdo, sobre todo, que mi propia graduación de la escuela de leyes y cómo me sentía en ese entonces - en el verano de 1976. Cuando estaba en la posición de ustedes, no sabía exactamente lo que quería hacer, pero sabía a dónde iría: al Departamento de Justicia, donde trabajaría en su nueva Sección de Integridad Pública. Mi camino no era ortodoxo. Pero era el más compatible con mi idea de la ley en su mejor situación - como un poderoso instrumento de cambios positivos.

Por lo tanto, al prepararme para este discurso, no pude evitar preguntarme - tres décadas y media más tarde - si se había hecho realidad esa visión, o si había probado ser ingenua. Y, afortunadamente, me encontré dándole la razón a un graduado de la Universidad de Boston, el Dr. Martin Luther King, quien creía, y cierta vez dijo, que "La curva del universo moral es larga, pero se dobla en dirección a la justicia".

Consideren que, en 1969, cuando ingresé a la universidad a los 18 años, no podía votar - a pesar de que peleaban en la guerra en Vietnam, en gran parte, adolescentes estadounidenses. Ahora, por supuesto, se le otorga el derecho al voto a todas las personas de 18, 19 y 20 años de edad. O consideren que, cuando asumí como Secretario de Justicia de los Estados Unidos en febrero pasado, no había una única línea en casi 225 años de historia del Código de los Estados Unidos que se refería explícitamente a la identidad de género. Hoy, la Ley Matthew Shepard y James Byrd, promulgada por el Presidente el último mes de octubre, hace justamente eso, finalmente protegiendo a las personas gay, lesbianas, bisexuales y transexuales contra delitos crueles por odio.

Estos son solo dos ejemplos entre cientos. En cada campo de la ley, se ha buscado el progreso - y se ha logrado. En casi todos los casos, abogados han reimaginado la ley y, al hacerlo, le han dado nuevo vigor. Y lo han hecho desde el primer día. Nuestra Constitución, por supuesto, no fue creada simplemente a lo largo de algunos meses en una habitación apretada en Filadelfia. En realidad, la ley existente en los libros - los Artículos de la Confederación - fue reimaginada a lo largo de años, hasta que hubo suficiente energía para crear nuevos cimientos para nuestro país.

Ahora, no se preocupen. No estoy aquí para dar una conferencia sobre la ley. Diría que ya han tenido bastante de eso. Créanme, a lo largo del último año, yo también he tenido bastante. En lugar de ello, me gustaría hablarles sobre personas - personas no distintas a cada uno de ustedes.

Robinson, Kikuchi, Jones. Bailey, Hewlett, Brooke. Tal vez no reconozcan estos nombres, pero estas personas se sentaron en sus asientos, a minutos de un diploma de la escuela de leyes de BU - como lo hacen ustedes ahora. Y entonces, equipados con nada más que la energía, la pasión, la confianza, y la comunidad de ex alumnos de la escuela de leyes de BU tan unida, cada uno pasó a reimaginar la ley y, por extensión, recrear nuestra sociedad - muchas veces contra grandes dificultades y siempre para lograr algo mejor.

Leila Josephine Robinson se graduó en ’81 – digo, 1881 – como la primera graduada en leyes del sexo femenino en Massachusetts y una de las primeras de la nación. En 1882, ya había convencido a la Asociación de Abogados de Massachusetts a aceptar su primera mujer. Y pocos años después, ya había publicado el libro Law Made Easy: A Book for the People – un esfuerzo revolucionario, y
labor extremadamente dificultosa, para comunicar la ley en palabras simples al pueblo estadounidense.

Takeo Kikuchi, clase de 1877, fue uno de los primeros japoneses en estudiar derecho en los Estados Unidos, y menos de una década después de haberse graduado, fue cofundador de la Universidad Chuo, una de las escuelas más prestigiosas del Japón.

Clarence Benjamin Jones, un graduado de 1959, se volvió uno de los principales asesores de Martin Luther King - y, solo cuatro años después de su graduación, le ayudó a escribir su discurso "Tengo un sueño" para la Marcha sobre Washington.

Consuelo Northrup Bailey, clase de 1925, fue la primera vicegobernadora en los Estados Unidos. Emanuel Hewlett, el primer graduado afroestadounidense de la Escuela de Leyes de BU en 1887, litigó en el único enjuiciamiento
criminal en la historia de la Corte Suprema. Y, por supuesto, Edward Brooke, quien recibió su
Bachillerato en Leyes (LLB) en 1948 y su Maestría en Leyes (LLM) en 1949, fue el primer Senador afroestadounidense elegido por voto popular. Ahora, es un ganador de la Medalla de la Libertad Presidencial.

Donde sea que busquen en la historia de la Escuela de Leyes de BU, encontrarán una tradición no solo de excelencia, sino también de aventura - graduados intentando nuevas proezas y
en la caza de innovaciones inteligentes que, dicho simplemente, nadie más está intentando hacer. Tal vez todo haya comenzado hace más de un siglo, cuando el gran Juez Oliver Wendell Holmes eligió a esta escuela como su plataforma para exponer una teoría - su famoso discurso "El camino de la ley", el que serviría de inspiración para uno de los movimientos legales más importantes del siglo veinte. O tal vez sus raíces estén en la tradición conocida de esta escuela de leyes de excelencia en enseñanza sin par - e inusual.

Sea cual fuere el caso, queda claro que esta institución tiene más de que jactarse que su afirmación de que es la escuela de leyes con el edificio más alto del país - y el hecho de que un halcón ha elegido hacer su nido allí. La Escuela de Leyes de BU ha desarrollado una gran tradición. En todo el mundo, sus ex alumnos han mejorado nuestras leyes de manera incalculable. Y la clase de 2010 ahora tiene la oportunidad, y la responsabilidad, de aprovechar este legado. Pues cada uno de ustedes se une ahora a una comunidad legal profesional que está en más sintonía que nunca con su obligación de
corresponder - sin cargo - y ayudar a los más vulnerables y marginados.

En verdad, no se trata de hacia dónde se dirigen ahora - o, siquiera, dónde acabarán. Se trata de lo que hagan en el camino. Se trata de si, a lo largo de sus carreras, siguen detrás de sus ideales para mejorar nuestro sistema de justicia y nuestro mundo - las ideas que formaron aquí, hablando con sus profesores y compañeros, trabajando en sus clínicas legales, o trabajando como voluntarios en organizaciones de todo este campus y esta ciudad. Algún día - tal vez pronto - les digan que sus ideas para un sistema mejor necesitan madurar, o peor aun, una toma de conciencia. Pero yo les digo: confíen en sus instintos. Confíen en sí mismos. Confíen en sus visiones.

Y digo esto debido a lo que he aprendido sobre esta clase - a partir de los miembros del cuerpo docente y profesores. Su compromiso para con el otro - y con la comunidad más allá de estos portones - les ha servido de inspiración. Su compromiso hacia el servicio público, y al trabajo de interés público, me ha impresionado.

Miren todo lo que han logrado. Muchos de ustedes, a través del trabajo en el Centro Morin, han realizado importantes aportes al debate sobre la reforma regulatoria financiera. Algunos de ustedes ayudaron a redactar un documento importante sobre el Sistema Federal de Banca de Préstamos Hipotecarios. Otros participaron en clínicas de alto impacto en todos lados, de Boston a Atlanta, Ginebra y Ghana. Fueron a Louisiana para ayudar a sobrevivientes del Huracán Katrina, a Texas a trabajar en temas inmigratorios, y, después de la graduación, algunos de ustedes irán a Cambodia. En otras palabras, ya han probado el valor de sus ideas legales - y su energía jovial - en la realización de cambios positivos y críticos.

Y, ahora, deben continuar con este trabajo. Ya sea que lideren movimientos, emitan fallos desde el banco del juez, vuelvan a la sala de aula, sean candidatos para cargos públicos, asesoren a clientes o defiendan a acusados, ya están listos para definir nuestro futuro. Ya no son estudiantes de derecho; a partir de hoy, son representantes del sistema judicial de nuestra nación. Y creo que el privilegio de tener un diploma de la Escuela de Leyes de BU conlleva una responsabilidad permanente de utilizar sus dotes y capacitación para mejorar ese sistema. Sea como fuere que decidan contribuir, espero que sean participantes - y mis compañeros - en la búsqueda de la justicia para todos.

En 1897, cuando el Juez Holmes vino a BU para ayudar a dedicar el antiguo Salón Isaac Rich y realizar el legendario discurso "El camino de la ley" del que les hablé anteriormente, concluyó con una declaración que, en esa época, se consideró provocativa. Hoy, creo, no podría ser más adecuada. Dijo, "Para una imaginación de cualquier magnitud, la forma de poder de mayor alcance no es el dinero; el es dominio de las ideas".

Por lo tanto, insto a cada uno de ustedes hoy a que se establezcan un objetivo único, inclusive antes de comenzar en ese empleo nuevo o ese descanso tan merecido: tomen dominio de sus ideas. Considérenlas ahora. Refínenlas esta noche. Cuéntenles a su familia y amigos sobre ellas durante cenas de graduación. Hablen sobre ellas con sus profesores al decir adiós. Al hacerlo, habrán tomado el primer paso hacia cumplir sus promesas integralmente. Habrán tomado la primera acción hacia honrar la tradición de servicio que hace que sienta tanto orgullo de estar en esta escuela y ser parte de esta ceremonia hoy. Y no solo estarán afilando su nueva herramienta - sus diplomas de abogado - como una fuerza poderosa de cambio positivo; también la estarán utilizando.

El futuro, creo, exige nada menos de cada uno de ustedes. Y la historia no me deja dudas de que estoy viendo 487 rostros de soñadores, y más importante aún,
personas emprendedoras que no solo cumplirán con estas grandes expectativas, sino que, como muchos otros graduados de la Escuela de Leyes de BU, las superarán.

Buena suerte, graduados, y felicitaciones a todos.