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El Secretario de Justicia de los Estados Unidos Eric Holder habla ante el Foro Abierto sobre la Paternidad y la Violencia Juvenil de la Alianza de Hombres Preocupados
Washington, DC
United States
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18/02/2010
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Gracias, Tyone [Parker]. Gracias por sus gentiles palabras. Deseo agradecerle por reunirnos - algo que usted hace mejor que cualquiera en esta ciudad.

A lo largo de los años, he tenido el privilegio de trabajar con usted y sus asociados. Hombres buenos y fuertes que se han vuelto mis amigos. He visto como la Alianza de Hombres Preocupados pasó de un puñado de amigos y vecinos frustrados - pero esperanzados - a ser lo que es hoy: una de las voces para el cambio más poderosas y más exitosas de esta ciudad. Ustedes ayudaron a llevar tranquilidad a algunos de nuestros vecindarios más peligrosos y divididos. Hablaron en nombre de las comunidades en crisis. Y defendieron los intereses de familias y personas necesitadas. Este trabajo siempre comenzó de la misma manera simple - reuniendo a personas, hablando y escuchando.

De eso se trata la reunión de hoy. Agradezco ser parte de esta deliberación. Y es por eso que deseo hablarles esta tarde sobre las responsabilidades que compartimos y con las que debemos cumplir. Responsabilidades para con nosotros mismos, entre nosotros, hacia nuestras comunidades y los niños que dependen de nosotros.

De todos los títulos y cargos que he tenido en mi vida - abogado, fiscal, juez, Fiscal Federal y, ahora, Secretario de Justicia de los Estados Unidos - el que más me enorgullece es el de "padre". Es el que más dice de mí. Y es, también, el que más significa para mí.

Como Secretario de Justicia de los Estados Unidos, tengo el honor de servir como la principal autoridad de las fuerzas del orden público de nuestro país. Cada día, se me recuerdan las amenazas que enfrentamos, y es mi responsabilidad proteger tanto la seguridad del pueblo de los Estados Unidos como la fortaleza de nuestro sistema de justicia. A pesar de que estos deberes son solemnes e imperativos, suelen parecer manejables en comparación con las responsabilidades imponentes que tengo como el padre de tres hijos. Ser un buen padre es igual de demandante, y de importante, que ser el Secretario de Justicia de los Estados Unidos.

Deseo ser claro con respecto a algo: el papel de un padre en la vida de un niño es irreemplazable. Las investigaciones han probado esto. Para mí, mis propias experiencias como padre de dos niñas adolescentes y un hijo de 12 años, son toda la prueba que necesito.

Me alegra estar en compañía de tantos otros padres y líderes locales que desean concentrarse en la paternidad y hablar sobre ella. En el transcurso de este debate, espero que seamos lo suficientemente abiertos y honestos para hacernos las preguntas más difíciles -- de padre a padre -- sobre lo que nuestras comunidades y el gobierno federal pueden hacer para fortalecer a nuestras familias y apoyar a los padres que intentan hacer lo correcto.

La Alianza de Hombres Preocupados se trata de eso: de la comunicación abierta y honesta. Vi esto por primera vez hace 13 años, cuando era el Fiscal Federal aquí en el Distrito de Columbia. Fue en 1997, el año en que Darryl Hall fue asesinado por miembros de una pandilla rival en el Sudeste de Washington. Darryl tenía solo 12 años de edad, pero se había vuelto un pandillero activo. Y su muerte trágica ilustró un problema alarmante. Visité el complejo habitacional donde vivía. Fue allí donde conocí a Tyrone Parker. Observé como Tyrone y sus asociados negociaban una tregua sin precedentes entre dos pandillas cuyo feudo prolongado llevó a la muerte de Darryl. Fue algo asombroso de ver. No solo ayudó la Alianza a que enemigos encontraran puntos en común, sino que elevó el espíritu de una ciudad presa del dolor. Llenaron de ánimo a jóvenes que, hasta ese momento, veían solo tinieblas en su futuro. Hicieron un milagro. Y fue apenas el primero de muchos más.

Sé que este tipo de servicio extraordinario no se puede llevar a cabo sin gran sacrificio. Muchos de ustedes dedican su tiempo y talento, así como su propio dinero, a ayudar a jóvenes cada día. Es un trabajo difícil, para ustedes y también para quienes desean ayudar. Un joven pandillero, un adolescente que había estado en las líneas de frente de una guerra pandillera que ustedes ayudaron a poner fin este invierno, lo expresó de la siguiente manera. Dijo, "Es difícil entrar a la habitación y hacer las paces con alguien que te ha estado disparando, que ha estado tratando de matarte".

Pero, si ese joven puede llegar a un acuerdo con sus ex enemigos, si los que más han sufrido pueden encontrar alivio a través del diálogo, entonces sé que nosotros también podemos hacerlo. Debemos llevarnos a hacer preguntas difíciles y exigir más de nosotros mismos y de los demás.

Después de todo, los padres tenemos una oportunidad hoy, como la tenemos todos los días, de actuar de manera responsable en las vidas de nuestros hijos y ser mejores padres. Podemos dedicar tiempo a nuestros hijos e hijas. Podemos ayudarles con sus tareas escolares. Podemos enseñarles a jugar juntos. Podemos enseñar a nuestros hijos a ser respetuosos con las mujeres. Y podemos enseñar a nuestras hijas a exigir respeto por sus personas. Podemos ser ejemplos de cómo interactuar con los demás y cómo tratar de los retos de la vida. En pocas palabras, podemos – y debemos – asumir la responsabilidad de participar en la vida de nuestros hijos. Al participar, y ser buenos ejemplos, todos tenemos la oportunidad de afectar la vida de nuestros hijos, así como también de nuestro país, de maneras positivas y profundas.

Aquí, en Washington, demasiados niños están necesitados y viven presos del dolor. Demasiados niños se han dado por vencidos y se han entregado a una vida de violencia y delincuencia. Como algunos de ustedes recordarán, no hace demasiado tiempo que nuestra ciudad era considerada la ciudad más peligrosa del mundo. A pesar de todos los progresos que hemos realizado, aun es más probable que nuestros jóvenes vivan situaciones de violencia aquí que en casi cualquier otra ciudad de los Estados Unidos.

Permítanme brindarles las estadísticas: 2,500 pandilleros activos; 5,000 afiliados libres; 156 jóvenes
amontonados en un centro de detención que debería albergar no más de 88 delincuentes juveniles; cientos de robos; docenas de homicidios.

Pero detrás de estos números están las historias de niños perdidos, sueños sin cumplir, familias destruidas y un sufrimiento inmensurable.

La cruda verdad es que la violencia juvenil es demasiado común. No existe una única causa o una simple solución. Sin embargo, sabemos que un factor de contribución importante es la ausencia de un padre responsable y afectuoso. Aquí, en D.C., donde la mitad de los hogares afroestadounidenses no incluyen siquiera un hombre adulto, las implicaciones de este hecho no podrían ser más claras.

Si nos vamos a llamar "hombres", entonces debemos actuar como hombres. Debemos brindar cuidado y protección a quienes traigamos a este mundo. Eso es lo que un "hombre" debe hacer. No podemos dejarles esta tremenda responsabilidad solo a las mujeres en nuestras vidas, quienes, sin embargo, hacen un trabajo fantástico. Y no podemos pedirles a nuestras comunidades que se hagan cargo de nuestras obligaciones. Esto debe terminar. Cualquier hombre que pueda crear un hijo también debe ayudar, de manera significativa, en la crianza de ese hijo.

No digo que esto sea fácil, especialmente para padres que han sido encarcelados. Vengo aquí con un gran respeto por quienes han cometido errores, pero han elegido estar aquí hoy porque saben que alguien depende de ustedes.

A veces, las personas hacen malas elecciones. Y algunas de esas elecciones vienen con una sentencia de prisión. Pero no podemos permitir que el encarcelamiento de un padre castigue a toda una familia.

Hoy, más de 1.5 millones de niños estadounidenses tienen padres en prisión. Más de la mitad de estos niños son afroestadounidenses. Con frecuencia, estos niños luchan contra la ansiedad, la depresión, problemas de aprendizaje y la agresión,
debilitando sus propias posibilidades de éxito. En muchos casos, el mantener la relación con sus padres durante el encarcelamiento puede mejorar las vidas de estos niños. Sin embargo, con demasiada frecuencia nuestras políticas han dejado de brindar apoyo a estas relaciones.

Debemos encontrar maneras de ayudar a estos hombres a tener un papel central en las vidas de sus hijos. Las investigaciones revelan que los hombres que mantienen lazos familiares fuertes detrás de las rejas tienen más éxito cuando son liberados. Les es más fácil encontrar trabajo y mantenerse alejados de las drogas. Y es menos probable que cometan delitos nuevos cuando salen de nuestras prisiones.

Hay una línea común: las conexiones familiares mejoran la seguridad pública y una buena participación del padre en la vida del hijo mejora la seguridad pública. Es hora de que empecemos a pensar en la reinserción en la sociedad en ese contexto.

Quizás los sorprenda el hecho de que alrededor de 700,000 personas regresan de la prisión a sus comunidades cada año. Setecientos mil. Sin embargo, solo un pequeño porcentaje de estas personas recibe ayuda para prepararse para su regreso. Seguramente, esta falta de preparación tenga un papel en el hecho de que dos tercios de los hombres liberados de la prisión son arrestados nuevamente en los tres años posteriores.

La buena noticia es que aquí, en D.C., y en comunidades de todo el país, le estamos brindando más atención a la familia. También estamos utilizando políticas respaldadas por la ciencia y las pruebas, y no dogmas políticos, para afrontar los problemas de reincidencia y la reinserción en la sociedad. Me complace que, el año pasado, el Departamento de Justicia haya asignado 28 millones de dólares bajo la Ley de Segunda Oportunidad para programas de reinserción en la sociedad. Estas inversiones financiarán la capacitación en la crianza de hijos dentro de nuestras prisiones y programas de reunificación para cuando las personas son liberadas.

Sé que muchos de ustedes ya han tenido que enfrentar estos desafíos o los están enfrentando actualmente. Y muchos de ustedes han encontrado soluciones innovadoras y productivas. Me complacerá escuchar sus historias esta tarde.

Al conversar, tengamos presente las palabras sabias de Eric Perry, el adolescente valiente de D.C. que le pedió a la Alianza el año pasado que interviniera en una disputa de una de las pandillas más letales de esta ciudad. "Ahora", les dijo a los periodistas, "depende de nosotros unir nuevamente a nuestra comunidad".

Y tiene razón. Me complacerá trabajar con todos ustedes en descubrir qué haremos a partir de ahora y cómo crearemos el futuro que nuestras comunidades, y nuestros niños, merecen.

Gracias.