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El Secretario de Justicia de los Estados Unidos Eric Holder habla en la vigilia nacional a luz de velas en memoria de agentes de las fuerzas del orden público
Washington, DC
United States
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13/05/2010

Gracias, Craig [Floyd], por sus gentiles palabras, y más importante aún, por sus décadas de liderazgo.  Esta noche es un testamento al indispensable papel que ocupa el Fondo Conmemorativo en homenajear el servicio y el sacrificio de los hombres y mujeres uniformados de nuestra nación - no solo en esta vigilia anual, sino cada día del año.

 

Me siento honrado de acompañarlos esta noche, y agradecido por la oportunidad de mostrar mi agradecimiento a tantos héroes y compañeros caídos.   Hace más de tres décadas que trabajo en las fuerzas del orden público.  Y durante más de tres décadas, he visto, día tras día, la falta de egoísmo, la temeridad y el valor que caracterizó a cada agente que homenajeamos hoy.  Estos son rasgos raros y honorables que todos ustedes - sus familiares más cercanos y amigos - conocían bien y, sin duda, extrañan inmensamente.

 

Hace 218 años este mes, en 1792, un agente de las fuerzas del orden público estadounidenses - el Alguacil Adjunto Isaac Smith de Westchester, N.Y. - fue el primero en encontrar la muerte en cumplimiento del deber.  Desde aquel día, aproximadamente 20,000 agentes de las fuerzas del orden público también hicieron el mayor de los sacrificios.  Esta noche, agregamos 325 más a esta pared conmemorativa.  Doscientos nueve eran hombres y mujeres desconocidos a esta pared hasta que el Fondo Conmemorativo hizo resurgir los detalles de sus sacrificios.  Y 116 murieron en cumplimiento del deber el año pasado.

 

Indico estos números - 20,000, 325, 209, 116 - no como medidas de pérdida, sino como recordatorios de lo peligrosamente fácil que puede ser reducir padres y madres, hermanas y hermanos, hijos y compañeros y amigos, a estadísticas.  Es por eso que debemos abrazar nuestras memorias - de su valentía, su generosidad, su risa, su pasión y sus historias.  Y es por eso que celebramos ahora sus vidas al agregar sus nombres a este lugar de honor.

 

Aunque ninguna pared conmemorativa, ninguna ceremonia, ningún saludo puede aliviar el dolor y la carga especial que ustedes llevan, hay algo que deben saber.  La gratitud que yo, junto con los muchos profesionales de las fuerzas del orden público presentes esta noche, sienten por sus seres queridos es compartida por la comunidad de las fuerzas del orden público entera y la nación entera.  Todos estamos más protegidos gracias a su sacrificio.  Y siempre estaremos inspirados por su ejemplo de servicio.

 

Una tragedia innombrable puede ser lo que nos trae aquí.  Pero nuestra gratitud sin fin, por el trabajo callado de las fuerzas del orden público, es lo que nos une y une a todos los ciudadanos de los Estados Unidos.  Estos agentes protegieron a nuestros vecindarios y nuestra nación.  Y lo hicieron voluntariamente, abrazando sus papeles esenciales a partir del primer día.  Eran parte de algo más grande que un hombre o una mujer.  Eran parte de una de las tradiciones más antiguas, más importantes y más nobles de los Estados Unidos.  Definen lo mejor de nuestro país.

 

Por lo tanto, aunque podemos estar acongojados, no debemos desesperarnos.  La elección de estos hombres y mujeres heroicos de vivir para su país fue realizada entendiendo que también podrían morir por su país.  Su elección nos recuerda cuán valientes - y cuán notables - fueron.

 

También nos recuerda nuestro deber hoy - y todos los días.  Comprendemos los riesgos del trabajo en las fuerzas del orden público, pero también debemos comprender los desafíos.  Debemos acompañar a la comunidad de las fuerzas del orden público de nuestra nación y oponernos a los delitos grandes y pequeños.  Debemos ayudar el uno al otro en momentos de necesidad.  Y, sobre todo, debemos proteger a quienes han hecho de servir a los demás el trabajo de sus vidas.  En el Departamento de Justicia, simplemente no existe una prioridad más básica y más importante que mantener seguros a los agentes de las fuerzas del orden público.

 

Este año, en particular, se nos recuerda la gravedad de esta misión.  Como ustedes bien saben, algunos días después del Día de Acción de Gracias el año pasado, cuatro agentes de la policía estaban sentados a la mesa en un café en Lakewood, Wash., preparándose para un día de trabajo que no iban a vivir para verlo.  Poco antes de las 8:30 esa mañana, estos agentes fueron emboscados por un pistolero y los cuatro fueron asesinados a sangre fría.  Se cree que fueron atacados, tiroteados y asesinados, simplemente por los uniformes que llevaban y el servicio público que brindaban.

 

Estas víctimas, de más está decir, eran miembros del departamento de policía de 100 miembros de Lakewood.  Pero eran parte de algo mucho más grande.   Eran parte de una comunidad que se extiende de Tallahassee a Anchorage, de Sacramento a Augusta.  Eran parte de una comunidad que abarca cada ámbito de nuestro gobierno - federal, estatal, local y tribal.  Eran parte de una comunidad que viene protegiendo al pueblo de los Estados Unidos desde que, y mucho antes que, el Alguacil Adjunto Isaac Smith fue asesinado a fines del siglo 18.  Eran parte de la comunidad de las fuerzas de orden público de los Estados Unidos.  Y, como todos ustedes, eran parte de la familia más extendida de las fuerzas del orden público de los Estados Unidos.

 

Como esta noche, más de 20,000 personas llegaron de lugares tan lejanos como Nueva York, Boston y Chicago, conduciendo cientos de millas y más, para participar en el servicio y la procesión en homenaje a los agentes caídos.  En cierto punto, se leyó la Oración del Agente de Policía - una oración de coraje, fuerza, dedicación y compasión.

 

Estas son las mismas cualidades que veo y admiro en los agentes de las fuerzas del orden público de todo nuestro país.  Y son las mismas cualidades que recordamos en aquellos a quienes homenajeamos ahora.

 

Hoy, me gustaría brindarles a las familias, los amigos y compañeros de estos héroes caídos la paz que buscan.  No puedo hacerlo.  Sin embargo, puedo hacerles una promesa.  El trabajo que amaban, y el servicio que era el centro de sus vidas, continuará.  El sacrificio de ellos y la pérdida que ustedes sufrieron serán homenajeados por una nación que ha sido, y seguirá siendo, fortalecida por su ejemplo.

 

Y si bien nunca podremos pagarles la deuda de gratitud que tenemos con estos servidores públicos valientes, nunca olvidaremos sus historias.  Nuestras velas esta noche podrán estar encendidas solo brevemente, pero siempre llevaremos con nosotros los espíritus de quienes representan - en nuestro trabajo, en nuestros corazones y en nuestro compromiso permanente hacia la justicia.

 

Gracias.