Noticias

El Secretario de Justicia de los Estados Unidos Holder realiza comentarios en la Red de Prevención de Pandillas de las Ciudades de California
Sacramento, CA
United States
~
10/05/2010
~

Gracias, Jack Calhoun. Agradezco sus gentiles palabras y su liderazgo sobresaliente. Su compromiso con el éxito de esta red - y con los jóvenes de nuestra nación - es evidente. No solo ha atrasado su jubilación, sino que también ha aceptado una agenda de viajes exigente que lo lleva por todo el país, y por todo este estado, cada mes. Su trabajo está logrando una diferencia positiva aquí en California. Y su orientación está ayudando al Departamento de Justicia de hoy cumplir con sus obligaciones para combatir la delincuencia, proteger la seguridad de nuestras comunidades, y asegurar que todos los ciudadanos estadounidenses tengan la oportunidad de mejorar sus vidas y aprovechar su potencial.

Estoy aquí hoy para hablar sobre el trabajo, y las responsabilidades, que compartimos. Responsabilidades hacia nosotros mismos, entre nosotros y hacia nuestras comunidades, y hacia el número alarmante de niños y jóvenes que han sido víctimas, autores y testigos de la violencia pandillera.

Esta conversación es crítica. Deseo agradecer al Intendente Johnson por recibirnos. Y permítanme agradecer a cada uno de ustedes por su participación y compromiso. En las ciudades que lideran, en las comunidades que atienden, se escribirá el próximo capítulo de la historia de nuestra nación. Nuestro progreso futuro depende de nuestras prioridades actuales. Depende del compromiso de hoy de facultar a la próxima generación de estadounidenses. Y depende de nuestra capacidad de enfrentar los desafíos más abrumadores y difíciles de resolver de nuestra nación, incluidos la predominancia y consecuencia de las actividades pandilleras y el impacto devastador de la exposición a la violencia en la infancia.

Cada persona aquí presente comprende contra qué luchamos. Ya sea que su función sea dar forma a políticas, crear programas de apoyo o promover iniciativas policiales, la dedicación de ustedes inspira. Y estoy agradecido de que esta red reúna tantos asociados distintos. Ustedes han probado que, para tener éxito en proteger la seguridad y el potencial de nuestros niños, necesitamos una variedad de perspectivas; necesitamos probar múltiples estrategias; y, más aún, necesitamos un enfoque integral y colaborativo.

Al trabajar en asociación, han ayudado a crear la paz en algunos de los vecindarios más peligrosos y divididos de California. Han ayudado a enemigos a conciliarse. Han ayudado a levantar ánimos, y aumentar la esperanza, en nuestras comunidades más vulnerables. Y han ayudado a incontables jóvenes que se dirigían por caminos oscuros y peligrosos. Simplemente, ustedes han hecho milagros.

Los intendentes, jefes de policía, agentes de las fuerzas del orden público, proveedores de servicios, investigadores, educadores y donadores en esta sala son innovadores en la administración de la justicia. Y estoy orgulloso de tenerlos como asociados. Ustedes han proporcionado al Departamento de Justicia entendimientos profundos desde las líneas del frente. Nos han dicho qué funciona, y qué no funciona, y qué debemos hacer para mejorar la seguridad pública. Y, al crear nuevos programas y probar nuevas estrategias, nos han mostrado que, a pesar de los retos asociados al presupuesto y la infraestructura, las soluciones son posibles.

En solo tres años, esta red ha realizado progresos medibles y significativos en tratar de las actividades pandilleras y la violencia en las comunidades. Cada ciudad de esta red ha desarrollado e implementado una estrategia integral. Y muchas han visto como caían las tasas de delincuencia. Sí, debemos celebrar estos logros. Pero también debemos enfrentar los hechos.

Hoy, demasiados de nuestros niños están necesitados y sumergidos en el dolor. Muchos niños se han dado por vencidos y se han entregado a una vida de delincuencia. Demasiadas comunidades son devastadas por la violencia pandillera. Demasiadas familias han sido destruidas. Demasiadas vidas han sido perdidas. Niños como Mynesha Crenshaw de 11 años de edad, quien murió
tiroteada por una pandilla en San Bernardino el año pasado, en su propio hogar, cuando ella y su hermana preparaban la cena. Niños como Azahel Cruz, de 6 años de edad, de Monterey,
quien fue asesinado en su casa por una bala perdida. Niños como Josué López-Gil - quien acaba de terminar la escuela primaria - fue asesinado por un compañero de escuela de 13 años de edad afiliado a una pandilla callejera en Oakland.

Cada uno de estos niños murió por la misma razón sin sentido. Tuvieron, como dijo el Jefe de Policía Adjunto de Monterey Kelly McMillen, "la mala suerte de estar en el medio de dos grupos de jóvenes que simplemente no se gustaban…y quienes, si puestos contra la pared para dar explicaciones, no sabrían describir el motivo de su odio".

Por lo tanto, ¿cómo honramos a estas víctimas? ¿Cómo hacemos a sus asesinos pagar por sus hechos? ¿Y cómo prevenimos futuras tragedias?

Es imposible contestar estas preguntas fácil o rápidamente. Pero podemos - y debemos - comenzar a contestarlas reuniéndonos, compartiendo lo que hemos aprendidos, y siendo claros sobre lo que está funcionando y lo que debe mejorar.

Para mí, combatir la violencia pandillera, y ayudar a los niños expuestos a dicha violencia, es una inquietud personal y profesional hace décadas. Como fiscal, como juez, como Fiscal Federal y como Secretario de Justicia Adjunto, tratar de las causas y remediar las consecuencias de la violencia era primordial en mi trabajo. Hoy, como Secretario de Justicia de los Estados Unidos y como padre, sigue siendo una de mis principales prioridades.

También es una alta prioridad para este gobierno. De hecho, en el Presupuesto del Presidente para el año fiscal 2011, se han solicitado
$12 millones de dólares de fondos nuevos específicamente para iniciativas y programas para la prevención de la violencia juvenil y pandillera. Sin embargo, aunque estas inversiones son muy importantes, enfrentar los desafíos que se nos presentan exige mucho más que simplemente dinero.

Por supuesto, debemos seguir reforzando las capacidades y habilidades de nuestras fuerzas del orden público. Y debemos seguir adelante con la labor que los funcionarios de las fuerzas del orden público, en asociación con nuestras Fiscalías Federales y fiscales del Departamento de Justicia, han realizado para retirar a los delincuentes violentos de nuestras calles. Pero las fuerzas del orden público no pueden lograrlo solas. Como suele decir Jack, "no podemos resolver este problema solo con arrestos". Lograr el progreso necesario requiere que nuestras iniciativas de
cumplimiento sean complementadas por fuertes iniciativas de prevención, educación e intervención.

Acabar con las actividades pandilleras y proveer a los jóvenes oportunidades de mejorar sus vidas llevará tiempo. También se necesitará cooperación sin precedentes en todo el ámbito de la comunidad. Necesitamos encontrar maneras de ayudar a los jóvenes a resistir a la seducción de las pandillas a través de programas como
Alto al Fuego, Conciliadores de Paz y Cuerpos de Jovenes. Y necesitamos más
equipos especiales que cubran toda la ciudad, como los que han tenido tanto éxito en San José, Santa Rosa y otras ciudades.

También necesitamos más programas como "Luces de una noche de verano", establecido por el Intendente Villaraigosa en Los Ángeles. El año pasado, tuve la oportunidad de ver esta iniciativa en acción. Están, literalmente, encendiendo las luces en los parques donde suelen ocurrir delitos y ofreciendo actividades recreativas, educativas y artísticas. Este enfoque está logrando un efecto positivo; es un ejemplo de los enfoques innovadores que debemos adoptar.

También debemos desarrollar más estrategias basadas en pruebas para combatir la delincuencia y utilizar datos para concentrar nuestra labor policial en los "puntos calientes" de la actividad
criminal. También debemos utilizar más luchadores contra la delincuencia "no tradicionales" - más funcionarios de salud pública, padres y maestros; más grupos sin fines de lucro y religiosos; y más jóvenes. Finalmente, debemos concentrar más atención en experiencias de la primera infancia -- y, específicamente, en el impacto de la exposición infantil a la violencia.

En el otoño pasado, el Departamento de Justicia divulgó conclusiones de nuestra Encuesta Nacional sobre Niños Expuestos a la Violencia, la primera mirada exhaustiva a niños como víctimas y testigos de delitos, abuso y violencia, desde bebés hasta los 17 años de edad. La encuesta concluyó que la mayoría de los niños están expuestos a la violencia en sus vidas cotidianas. Resultó una llamada de atención al Departamento - y, lo sé, para muchos de ustedes.

El estudio encontró, por ejemplo, que la mayoría de nuestros niños - más del 60 por ciento - han sido expuestos a la delincuencia, el abuso y la violencia. Dos de cada cinco niños han vivido la violencia directa más de una vez a lo largo de un año, y casi tres de cada diez fueron agredidos al menos una vez durante dicho periodo. El diez por ciento de los niños ha sufrido alguna forma de abuso o negligencia, y uno de cada dieciséis ha sido victimizado sexualmente. Al medir la exposición indirecta, el estudio encontró que uno de cada cuatro niños fue testigo de un acto violento, y muchos vieron a un familiar ser agredido por otro.

Este problema afecta a cada uno de nosotros. Y tratar del mismo eficazmente debe convertirse en nuestra inquietud y causa compartidas.

Pero la buena noticia es que, hoy, existe buen motivo para el optimismo. Las investigaciones han indicado que la intervención temprana es eficaz para contrarrestar los efectos de la violencia. Programas de alta calidad han demostrado proveer claros beneficios en
mejorar la capacidad de recuperación y promover el desarrollo infantil saludable - beneficios que se extienden a niños que han sufrido exposición frecuente a la violencia. En otras palabras, nosotros tenemos el poder - ustedes tienen el poder - de ayudar a los niños que más nos necesitan.

En el Departamento de Justicia, hemos asumido un compromiso histórico
hacia esta labor. Estoy orgulloso de que, por primera vez, el Departamento esté
dirigiendo recursos a la expresa finalidad de reducir la exposición infantil a
la violencia y mejorar el entendimiento de sus ramificaciones, promoviendo la consulta científica sobre sus causas y características, y, por supuesto, contrarrestando su impacto negativo.

El mes pasado, anunciamos el otorgamiento de $5 millones de dólares en subsidios bajo la iniciativa contra la exposición infantil a la violencia hasta este otoño. Y la solicitud de presupuesto de este gobierno para el próximo año fiscal incluye
$37 millones de dólares adicionales para ayudarnos a proveer recursos críticos, investigación y servicios para comunidades de todo el país.

Si bien me alegran estas nuevas inversiones, así como nuestro trabajo colectivo para combatir las pandillas y reducir la exposición infantil a la violencia, no puedo hacer de cuenta que tratar de los desafíos que se nos presentan será fácil.

Mi predecesor, el Secretario de Justicia de los Estados Unidos Robert Kennedy, dijo cierta vez que, "Es a partir de innumerables actos diversos de coraje y fe que se le da forma a la historia humana. Cada vez que un hombre defiende un ideal, o actúa para mejorar la situación de los demás, o lucha contra la injusticia, envía una pequeñísima ola de esperanza".

Hoy, al mirar alrededor de esta sala, no puedo evitar estar intensamente consciente de que cada uno de ustedes ha enviado muchas, muchas olas de esperanza. A través de sus acciones, han demostrado su compromiso hacia resolver un problema que, dicho de manera simple, determinará el futuro de nuestro país. Juntos, creo que podemos escribir un nuevo capítulo audaz en nuestra historia de los Estados Unidos. Y creo que podemos transformar nuestra nación en un país mejor - una ciudad, una comunidad y un niño a la vez.

Gracias.