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El Secretario de Justicia de los Estados Unidos Eric Holder en la reunión del ayuntamiento sobre paternidad
Atlanta ~ Martes, 15 de diciembre de 2009

Gracias, Mike. También desearía agradecerle a usted, Dr. Franklin, y al Morehouse College por realizar este debate tan importante. Antes de ser Secretario de Justicia de los Estados Unidos, fui un orgulloso miembro de la junta de la Escuela de Medicina Morehouse. Y también quiero expresar mi aprecio por los demás panelistas de esta noche.

Como Secretario de Justicia de los Estados Unidos, soy la principal autoridad de las fuerzas del orden público de nuestro país. En ese papel, tengo la responsabilidad de proteger la seguridad nacional y promover la seguridad pública. Y, sin embargo, hay días en que estas responsabilidades, con todo el peso que tienen, parecen manejables en comparación con las enormes responsabilidades que enfrento como padre de tres hijos. Para mí, ser un padre responsable y presente es igual de demandante, y de importante, que ser el Secretario de Justicia de los Estados Unidos.

Que quede claro: el papel de un padre en la vida de un niño es irremplazable. Sé que esto es así no solo por los estudios e investigaciones que he leído y que les comentaré más adelante, sino por mis propias experiencias como padre de dos hijas adolescentes y un hijo de 12 años. Y, créanme, cuando no me quedo despierto hasta tarde pensando en cómo puedo ayudar a mantener seguro a nuestro país, me quedo despierto pensando en cómo puedo ayudar a mis hijos. Tanto mi compromiso con la seguridad pública como mi preocupación por mis propios hijos -- y por todos los demás niños de todo el país -- hacen que hoy este aquí.

Me honra estar aquí hoy con otros padres y líderes enfocados en la paternidad. En el transcurso de nuestros debates, espero que seamos lo suficientemente abiertos y honestos para hacernos las preguntas más difíciles -- de padre a padre -- sobre lo que nuestras comunidades y el gobierno federal pueden hacer para fortalecer a nuestras familias y apoyar a los padres que intentan hacer lo correcto.

Esta es mi segunda visita al Morehouse College como Secretario de Justicia de los Estados Unidos. Estuve aquí por primera vez en marzo de este año para develar un retrato de mi difunta cuñada Vivian Malone Jones, una de los dos valientes estudiantes universitarios que integraron la Universidad de Alabama en 1963 y la primera graduada negra de esa institución. Durante esa visita, homenajeamos el impacto que tuvo Vivian en la historia de nuestro país. Ella comprendía que la elección que había hecho no era la más fácil. Pero también comprendía que para lograr una mejor sociedad, un mejor mundo, las personas deben responsabilizarse por cambiar las situaciones que no pueden aceptar. Y esta noche quiero hablar de ese mismo sentido de responsabilidad.

Quienes somos padres tenemos oportunidades -- pequeñas y grandes, todos los días -- de tomar responsabilidad en la vida de nuestros hijos. Podemos pasar tiempo con nuestros hijos e hijas, podemos ayudarlos con la tarea, podemos enseñarles a jugar bien juntos, podemos llegar a conocer a sus amigos y compañeros de clase y podemos servir como ejemplo de cómo interactuar con los demás y manejar los desafíos de la vida. En pocas palabras, podemos – y debemos – asumir la responsabilidad de participar en la vida de nuestros hijos. Y al participar, y ser buenos ejemplos, todos tenemos la oportunidad de afectar la vida de nuestros hijos, así como también de nuestro país, profundamente.

Si realmente queremos llamarnos "hombres", debemos reconocer que una característica básica de esa palabra es el cuidado y la crianza de quienes traemos a este mundo. Uno no puede ser un verdadero hombre si no hace todo lo posible por cuidar a quienes tienen el mayor derecho a depender de uno. No podemos dejar esta enorme responsabilidad a las mujeres de nuestra vida y de nuestras comunidades, que a menudo trabajan solas, cuidando de nuestros hijos e hijas. Esto debe terminar.

No digo que esto sea fácil, especialmente para padres que han sido encarcelados. Por lo que vengo aquí con un gran respeto por quienes han cometido algunos errores, pero han elegido estar aquí hoy porque saben que alguien depende de ustedes.

A veces las personas toman malas decisiones. Como resultado, terminan en prisión o en la cárcel. Pero no podemos permitir que el encarcelamiento de un padre castigue a toda una familia.

Más de 1,5 millones de niños estadounidenses tienen padres en prisión. Más de la mitad de estos niños son afroestadounidenses. Y sabemos que los niños con padres encarcelados sufren de: la separación física y emocional; el estigma asociado a tener un padre detenido; la pérdida de apoyo financiero; y el trastorno provocado por la introducción de nuevos tutores en la vida de un niño, sin importar las mejores intenciones que puedan tener estos tutores. Como resultado, los niños de padres encarcelados a menudo luchan con ansiedad, depresión, problemas de aprendizaje y agresión, lo que socava sus propias oportunidades de éxito en el futuro. Sabemos que en muchos casos mantener una relación con sus padres durante el encarcelamiento puede mejorar la vida de los niños y, sin embargo, a menudo nuestras políticas no han apoyado estas relaciones.

Aun cuando los padres son liberados de prisión y regresan a sus familias, no hemos apoyado adecuadamente la reunificación familiar. No tratamos adecuadamente temas tan apremiantes como el papel que desempeñarán estos padres en la vida de sus hijos. Y, sin embargo, si nos importa lo que les sucede a estos niños, sus familias y sus comunidades – si nos importa la seguridad pública – tenemos que ayudar a estos hombres a tener un papel central en la vida de sus hijos.

Las investigaciones revelan que los hombres encarcelados que mantienen lazos familiares fuertes detrás de las rejas tienen más éxito cuando son liberados. Les es más fácil encontrar trabajo y mantenerse alejados de las drogas. De hecho, un estudio reciente realizado por el Departamento de Salud y Servicios Humanos determinó que las personas que estaban casadas o en relaciones serias tenían la mitad de probabilidades de consumir drogas o cometer nuevos delitos después de ser liberadas de prisión.

Hay una línea común: las conexiones familiares mejoran la seguridad pública y una buena participación del padre en la vida del hijo mejora la seguridad pública. Es hora que empecemos a pensar en este tema en ese contexto.

Quizás los sorprenda el hecho de que alrededor de 700,000 personas regresan de la prisión a sus comunidades cada año. Setecientos mil. Sin embargo, solo un pequeño porcentaje de estas personas reciben ayuda para prepararse para regresar a sus comunidades. Seguramente esta falta de preparación tenga un papel en el hecho de que dos tercios de los hombres liberados de prisión son arrestados nuevamente en los tres años posteriores a su liberación.

Quienes tienen la suerte de recibir ayuda generalmente reciben alojamiento temporario, capacitación laboral y tratamiento por abuso de sustancias o por problemas de salud mental. De más está decir que este tipo de apoyo es crucial para una reintegración exitosa. Pero hasta hace poco no habíamos prestado suficiente atención a la familia, lo que es notable, dado que sabemos que la participación familiar mejora las probabilidades de éxito de una persona.

Pero finalmente hemos visto la luz. Ahora usamos políticas apoyadas por la ciencia y la evidencia, no dogmas políticos, para afrontar este problema. Este año, el Departamento de Justicia otorgó 28 millones de dólares bajo la Ley Segunda Oportunidad para programas de reincorporación a la sociedad. Estos programas incluyen subsidios a 15 estados que ayudarán a personas previamente encarceladas a hacer una transición exitosa al volver a sus comunidades. Estos subsidios incluyen capacitación para padres dentro de las instalaciones y programas de reunificación cuando las personas son liberadas de prisión.

Me complace destacar que en Tennessee, la ciudad de Memphis ha contratado a un enlace familiar que trabaja con personas previamente encarceladas para ayudarlas a conectarse con familiares al volver a su ciudad. En Dakota del Sur, el Departamento de Correcciones ha lanzado un Programa de Padres y Familias para abordar los desafíos que enfrentan los padres encarcelados y promover relaciones sanas. Y en Oregón, el Condado de Marion está implementando un programa para padres basado en evidencia llamado "Ser padre de adentro hacia afuera" y un programa de reunificación familiar llamado "Restableciendo las relaciones". Estos solo son tres ejemplos de cómo estamos dirigiendo los recursos para apoyar la reunificación familiar para personas previamente encarceladas y sus familias.

Asimismo, el Departamento de Salud y Servicios Humanos otorgó 13 subsidios para fomentar la paternidad responsable y ayudar a fortalecer los lazos familiares en hombres que regresan a la sociedad después de ser encarcelados. Esos programas están siendo sometidos a una evaluación nacional y los resultados de esa evaluación nos ayudarán a asegurarnos de estar implementando programas basados en evidencia e impulsados por datos que funcionan para mantener juntas a las familias y seguras a las comunidades.

Mientras tanto, estamos aprendiendo algunas lecciones importantes. Estamos observando resultados alentadores de programas de paternidad en prisión. Los hombres que participan en estos programas son más positivos sobre su papel como padres y tienen un contacto más frecuente con sus hijos. Los programas de intervención en relaciones también ha mostrado buenos indicios de mejorar la comunicación entre padres previamente encarcelados y sus hijos.

Pero sigue habiendo desafíos. Los programas familiares exitosos demandan una fuerte coordinación entre agencias de justicia penal y servicios humanos, y esos grupos no siempre comparten una misma perspectiva. A menudo la distancia entre el hogar familiar y la prisión dificulta el contacto. Y las normas de la prisión no siempre permiten tener las mejores visitas. Estos son problemas instituciones, pero no son insuperables. Y, teniendo en cuenta lo que está en juego, merecen nuestro enfoque y energía.

Muchos de ustedes luchan con estos desafíos, pero también encuentran soluciones innovadoras; y espero escuchar sus historias esta noche. Debemos celebrar sus éxitos personales, obviamente, pero también buscar maneras de replicarlos en otros. Al hacerlo, dejaremos un legado a nuestros hijos, y los hijos de nuestros hijos, del que todos podremos estar orgullosos.

Gracias nuevamente por recibirme hoy aquí. Les propongo que esta noche no temamos hacer preguntas duras y enfrentar verdades difíciles. Apoyémonos mutuamente. Esa es la única manera de que podamos lograr un progreso real.

Espero escuchar a muchos de ustedes compartir sus conocimientos, perspectivas y experiencias personales.

Gracias.