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El Secretario de Justicia de los Estados Unidos da conferencia sobre servicio público en la Universidad de Vassar
Poughkeepsie, N.Y. ~ Jueves, 22 de abril de 2010

Buenas tardes.  Es un placer estar aquí y un privilegio unirme a tantos miembros y líderes de la comunidad de Vassar.  Quiero agradecerles a todos especialmente al Presidente Cappy Hill – por invitarme a participar en esta semana de reflexión y debate sobre el poder y la importancia del servicio público.

 

También permítanme agradecer a mi buen amigo, el Juez Richard Roberts, por darme la bienvenida a su antigua universidad.  Este campus y esta capilla histórica son tan hermosos como me había dicho.  Al ver a los cientos de estudiantes jóvenes reunidos hoy aquí, me doy cuenta de que Ricky y yo hemos sido amigos por más años que los que ustedes tienen de vida.  Siempre supe de su orgullo por haber asistido a Vassar.  Gracias a él, tuve la oportunidad de aprender bastante sobre las tradiciones, logros y contribuciones que son, y siempre han sido, una parte tan vital de la vida en este campus.

 

El sábado, sé que muchos de ustedes se reunirán para celebrar una de las tradiciones más antiguas de Vassar – el Día del Fundador – en que celebran la extraordinaria visión, generosidad y optimismo que demostró Matthew Vassar al fundar esta universidad.  Como todos saben, esta institución dio la bienvenida a su primera promoción de estudiantes en 1861, en un período de inestabilidad sin precedentes, una guerra inminente y una división nacional profunda.  A pesar de los desafíos de la época, Matthew Vassar creía que podía aprovechar su gran fortuna para el bien común y la causa de la igualdad.  Y veía en la educación la herramienta más poderosa del país para asegurar la paz, la prosperidad y la justicia.  Lo que era cierto en ese entonces sigue siéndolo ahora.  Al crear este lugar de aprendizaje, Matthew Vassar creía que sus estudiantes, cito “moldearían el carácter de los ciudadanos de los Estados Unidos, determinarían sus instituciones y darían forma a su destino”.  Muchos otros estudiantes y profesores que han trabajado para mejorar la vida en este campus, y mucho más allá, han comprobado que él tenía razón.  Y el espíritu de servicio que él sigue inspirando es, sin lugar a dudas, una causa de celebración.   Espero fervientemente que ustedes continúen con esta gran tradición.  

 

Pero la verdad es que la celebración del legado y la visión de su fundador ya ha comenzado.  Durante los eventos y actividades en las que ustedes han participado durante toda esta semana – y hoy, al conmemorar el Día de la Tierra – todos ustedes han honrado y extendido el compromiso con el servicio público que Matthew Vassar estableció en este campus.  Para muchos de ustedes, el servicio público no solo es una de sus principales prioridades, sino también una parte central de su vida cotidiana.  Sirven como mentores en escuelas secundarias cercanas; enseñan a estudiantes de primaria sobre el medio ambiente en la Granja Vassar; limpian el Río Hudson; y, como parte del Programa Refugio Verde, dan clases a presos en la prisión de máxima seguridad en Stormville.  Su compromiso con el servicio público también se extiende más allá de este campus y la comunidad de Poughkeepsie.  De hecho, cuatro estudiantes que están aquí hoy estuvieron en Haití hace pocos meses cuando se produjo el terremoto.  A raz del desastre, estuvieron entre los primeros en responder que trabajaron para salvar y proteger vidas.

 

De estas y muchas otras maneras, todos ustedes han fortalecido la tradición de servicio de Vassar: un legado que es excepcional.  Hace medio siglo, los estudiantes de Vassar estuvieron entre los defensores más destacados de la justicia social y los derechos civiles de nuestro país.  En 1960, apenas semanas después de la primera protesta en un comedor se produjera en Carolina del Norte, estudiantes de Vassar hicieron un piquete en la tienda Woolworth de Poughkeepsie en solidaridad con los cientos de estudiantes que combatían la segregación en todo el sur.  Dos años después, se lanzó el Comité de Acción Vassar-Misisipi por preocupación por la seguridad de James Meredith, el primer estudiante negro en inscribirse en la Universidad de Misisipi.  Cuando Meredith intentó a asistir a clase, se produjeron disturbios violentos, y mortales.  A modo de respuesta, este comité se dirigió al Congreso, al Presidente Kennedy y a mi predecesor, el Secretario de Justicia de los Estados Unidos Robert Kennedy, pidiéndoles que siguieran apoyando los derechos civiles y el acceso igualitario a la educación.  

 

Estos estudiantes de Vassar presionaron al Departamento de Justicia para que hiciera valer los estatutos y el espíritu de nuestras leyes para promover la causa de la integración de manera plena y pacífica.  Y, en 1963, Alabama se convirtió en el último de los estados sureños en ponerle fin a la segregación en sus escuelas.  Ese año, mientras nuestro país contenía el aliento y nuestra Guardia Nacional vigilaba, mi difunta cuñada, Vivian Malone, fue uno de los dos estudiantes afroestadounidenses que le pasaron por al lado al Gobernador George Wallace para integrar el campus de Alabama.  

 

Este logro, como las muchas oportunidades que he disfrutado a lo largo de mi vida, fue resultado directo de la valentía, la compasión y el servicio de otros.   Hoy, no debemos dejar nunca que este trabajo haya sido en vano.  Las responsabilidades de proteger el progreso realizado por nuestro país, y de superar los numerosos desafíos que aún tenemos por delante, recaen sobre los hombros de los líderes, maestros y estudiantes de la actualidad.  Recaen sobre ustedes.  Gracias a lo que han aprendido y experimentado en este campus, están entre las personas más preparadas y equipadas para mejorar la vida de otras personas.  Con sus destrezas y capacitación, ustedes pueden trabajar para abrir las puertas de nuestros sistemas económicos y judiciales y ayudar a superar los obstáculos de la desigualdad y la injusticia.  Sin importar si abandonan este campus en algunas semanas o en algunos años, todos ustedes pueden avanzar a partir de aquí y darle significado a los ideales que dan vida a nuestras leyes y le exigen a nuestra nación apuntar más alto, ser mejor y hacer más por quienes son menos afortunados.  Esto no solo es una oportunidad, sino que es su obligación.  

 

Pero quizás se pregunten, ¿cómo?  Si bien puedo asegurarles que sus contribuciones son necesarias, no puedo decirles exactamente qué trabajo deberían realizar o qué papel exacto deberían desempeñar.  Eso lo deben descubrir ustedes.  Pero sin importar qué camino elijan para su vida y su futuro, aun si es fuera de los campos tradicionales de servicio público, seguramente estén rodeados de oportunidades para servir a los demás.  Sin importar la profesión que decidan seguir, siempre deben encontrar la manera de convertirse en servidores públicos, de servir a las personas.  Al encontrar su vocación y buscar su propio éxito, espero que también busquen maneras de ayudar a quienes necesitan su ayuda.  Cualquiera puede – y creo que cualquiera que haya tenido el privilegio de una educación en Vassar debería – trabajar para tener un impacto positivo y duradero en el mundo que todos compartimos y el futuro que todos buscamos.  

 

Durante una carrera pasada en su gran mayoría en el servicio público, me di cuenta de que el trabajo de asistir a otros y servir a la causa de la justicia me resultaba más satisfactorio, y más emocionante, que lo que podría haber imaginado.  Y también he hallado un gran sentido de propósito – y dicha inesperada – en las experiencias que he tenido como mentor y maestro de jóvenes.

 

Cuando fui Fiscal Federal en Washington, D.C., mi personal y yo decidimos “adoptar” a una escuela primaria local en un vecindario afroestadounidense de bajos recursos.  Inmediatamente, estos niños se nos acercaron: ávidos de atención, apoyo y modelos a seguir.  Era la interacción humana que esos niños recibieron lo que más les importó: sin importar la raza de los adultos con los que interactuaron.  Y, por mucho que pueda haber beneficiado a esos niños el tiempo que pasamos juntos, no tengo dudas de que significó más para los miembros de mi oficina.  Esa experiencia me recuerda constantemente que el servicio público debe ir más allá de firmar un cheque para una causa noble.  Evidentemente las donaciones son un buen punto de partida, pero el contacto humano, una participación real, es mucho más importante.  Al buscar maneras de ayudar a los demás, espero que resistan a la tentación de mirar desde afuera.  Simplemente existen demasiadas necesidades, demasiado sufrimiento y demasiado trabajo por hacer.

 

En las tres décadas que he pasado en el servicio público, aprendí que el gobierno solo no puede promover la causa de la justicia.  Nuestra historia es prueba de esto.  Es por eso que hoy la tarea de garantizar la justicia y oportunidades para todos – una tarea que los estudiantes y profesores de Vassar han realizado por décadas – debe continuar.

 

Sí, hemos tenido grandes progresos como nación.  Y puede resultar tentador – al observar la diversidad de las personas que caminan por los pasillos del Congreso o al hombre que se sienta en la Oficina Oval – pensar que se ha logrado la igualdad para todos los estadounidenses.  Pero hará falta mucho más que la elección del primer Presidente afroestadounidense – y más que el nombramiento del primer Secretario de Justicia de los EE.UU. afroestadounidense – para cumplir cabalmente la promesa de igualdad para todos los estadounidenses.  La búsqueda de justicia social continúa, y depende de todos nosotros realizar un aporte.  Nada más y nada menos que nuestra seguridad, nuestra prosperidad y las necesidades de nuestros ciudadanos más vulnerables están en juego.

 

No creo que cumplir con nuestros objetivos y obligaciones en común vaya a ser fácil.  Pero tengo esperanza.  Y, al recorrer esta capilla con la mirada, no puedo evitar sentirme optimista sobre a dónde llegaremos.  

 

Es por eso que quiero que sepan que cuento con todos ustedes.  También quiero que sepan que ustedes son herederos de una tradición extensa y noble.  Se espera mucho de ustedes.  Juntos, creo que podemos extender esta tradición de servicio que se celebra en todo el campus de Vassar esta semana.  Y no tengo dudas de que cada uno de ustedes puede, como predijo alguna vez su fundador, ayudar a moldear el carácter y darle forma al destino de nuestra nación.  Espero con ansias realizar este trabajo.  Y agradezco contar con todos ustedes como asociados.

 

Gracias.