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El Secretario de Justicia de los Estados Unidos Eric Holder habla en la graduación de la Escuela de Leyes Washington de la Universidad Americana
Washington, D.C. ~ Domingo, 23 de mayo de 2010

Presidente Kerwin, Director Grossman, distinguido cuerpo docente, orgullosos padres y madres, maridos y esposas, hermanos y hermanas, amigos, y más importante aún, la clase de 2010.  Me siento honrado de acompañar a cada uno de ustedes en celebrar un día que se han ganado y que, seguramente, nunca olvidarán.  También estoy orgulloso de estar entre los primeros en darles la bienvenida a una profesión que les proveerá incontables oportunidades de mejorar sus destrezas, continuar el proceso de aprendizaje, canalizar sus mayores pasiones y mejorar el mundo que compartimos.  Y me da gran alegría decirle a Marilyn Vásquez, "¡grande, Marilyn!

 

Hoy, es un privilegio especial - no solo estar aquí, en este campus hermoso - sino también dirigirme a ustedes en este ámbito especial.  Hace casi dos años y medio, sentado donde ustedes están sentados en este momento, vi cómo se desplegaba la historia.  El 28 de enero de 2008, el fallecido Senador Ted Kennedy vino a "Bender Arena" para anunciar su apoyo a la candidatura improbable, e inspiradora, de Barack Obama para la Presidencia de los Estados Unidos.  

 

El Senador Kennedy dijo que podía sentir el "cambio en el aire y atravesando los Estados Unidos".  Nunca olvidaré sus palabras, o el aplauso que le siguió.  

 

Ahora, al mirar hacia este mar azul, puedo ver a cinco graduados que parecen distintos al resto - James Day, Paul Ferguson, Francis McDermott, Clyde Henning y Joseph Hairston.  No son graduados que se van.  Son miembros de la Clase de la Escuela de Leyes Washington (WCL) de 1960 que regresan.  Hace cincuenta años, también se retiraron de este campus - con sus diplomas de abogados en sus manos - en un momento en el que "el cambio estaba en el aire" - y no meramente un cambio de partido, sino, más importante aún, un cambio de actitud: con respecto a la guerra, los derechos, la humanidad y la ley.  La década del sesenta estaba por comenzar.

 

Como yo - otro veterano - estos graduados que regresan pueden recordar cuando, en junio de 1963, otro Kennedy - el Presidente John Kennedy - también hizo historia en este campus con un discurso de graduación soñador y legendario.

 

Aunque "algunos", dijo el Presidente Kennedy, "dicen que es inútil hablar de la paz mundial o ley mundial o desarmamiento mundial", argumentó que, "ningún problema del destino humano está más allá de los seres humanos".

 

"Nuestros problemas, dijo, "son hechos por el hombre y, por lo tanto, pueden ser resueltos por el hombre".  

 

Ese día, aunque los ojos del mundo estaban puestos en esta universidad, el Presidente Kennedy les habló directamente a los alumnos reunidos ante él.  Les pidió que reexaminaran sus actitudes y reconsideraran sus posibilidades.  Les recordó su prontitud, y responsabilidad, de servicio.  Y pidió su participación en la búsqueda de la paz, el progreso y - ante todo - la justicia.

 

Hoy, graduados, les pido lo mismo a ustedes.  Y hoy, también les pido que, por unos pocos minutos, pongan de lado sus inquietudes sobre posibilidades de trabajo, aunque sé que son muchas; que pongan de lado las memorias recientes de exámenes finales, aunque espero que ya estén desapareciendo; y que, en su lugar, consideren por qué, de todas las posibilidades que tenían, eligieron ser abogados.  

 

Ya sea que imaginen un futuro de defender a acusados en un tribunal, redactar normas en sus oficinas, enjuiciar abusos de derechos humanos en su patria, servir al pueblo de sus estados en el Congreso, unirse al Cuerpo de Abogados de la Marina de los Estados Unidos (JAG), o hacer algo por cuenta propia, apuesto que la presencia de ustedes aquí hoy tiene algo que ver con la sabiduría que el Presidente Kennedy ofreció a futuras generaciones hace medio siglo - solamente a yardas de distancia de este mismo lugar.

 

Las obligaciones de las que habló el Presidente Kennedy - "respetar los derechos de los demás y respetar la ley de la patria" - son ahora responsabilidad de ustedes.  Esta tarde, al celebrar todo lo que han logrado y vivido aquí, sé que en lo último que desean pensar es en su nuevo vínculo de responsabilidad.   Pero, comenzando ahora mismo, es lo que deben hacer.

 

Sí, están ingresando a un mundo incierto - uno que lleva la carga de la recesión económica que muestra señales de recuperación.  Y están dejando este campus en una época no sólo de cambios, sino también de desafíos sin precedentes, nuevas amenazas y una guerra en curso.  Sin embargo, deben resistirse a la tentación de pensar que tuvieron mala suerte.  Se les ha dado una rara oportunidad.

 

Muy pronto, aprenderán que los tiempos de dificultad, de preguntas novedosas y pruebas nuevas, suelen ser las épocas más emocionantes, y más críticas, para ser un abogado.  Desde las primeras épocas de nuestra nación, el servicio y los aportes de los abogados - y, con mucha frecuencia, de abogados jóvenes - han mantenido en movimiento nuestro gran experimento estadounidense.  A lo largo de la historia de los Estados Unidos, personas de la edad de ustedes, con exactamente la misma capacitación que ustedes, estuvieron en las líneas de frente de las iniciativas para abolir la esclavitud y la segregación, lograr derechos electorales para las mujeres y derechos civiles para todos, y proveer servicios médicos para nuestros ancianos y pobres, y garantizar remuneraciones decentes para nuestros trabajadores.  Y eso es verdad no solo en los Estados Unidos.  Es verdad en todo el mundo.

 

Y ahora, graduados, les toca a ustedes.  Ahora, les ha llegado el momento a ustedes de mejorar el curso de nuestro país y del mundo, fortalecer las estructuras y reglas que gobiernan nuestra sociedad, encontrar las maneras más innovadoras y eficientes de combatir la injusticia, y asegurar que el cambio que sentimos en el aire se transforme en progreso significativo para el mundo que todos habitamos.  

 

A lo largo del último medio siglo y en los últimos tres años - e, inclusive, en los meses desde que los graduados con Maestría en Leyes (LLM) llegaron al campus - nuestro país y mundo han llegado lejos.  Se han realizado progresos consistentes y significativos.  Pero el hecho lamentable es que sigue habiendo injusticias.  Siguen habiendo divisiones y disparidades.  Y los más pobres de nosotros siguen siendo los que más sufren.  Para muchos, la recuperación económica no ha llegado con rapidez suficiente - especialmente para nuestra generación, la que - no necesito decirles - cuenta con menos posibilidades de trabajo que antes.  

 

También existen más amenazas sistémicas a nuestra sociedad: terroristas que viven solo para asesinar a los inocentes; un medio ambiente tan claramente en el equilibrio y a la merced de la humanidad; un sistema de justicia cuya promesa de equidad suele verse comprometida con demasiada frecuencia por el gran número de demandados que no pueden hacer frente o no tienen acceso a la representación legal; y el número alarmante de niños expuestos a la delincuencia, la violencia y enfermedades y abandono.

 

Pero, aunque pueda haber injusticia en todos lados, no es inevitable.  Ni siquiera nuestros problemas más tercos y complejos no son intratables.  De hecho, pueden resolverlos las mismas fuerzas que los crearon: los seres humanos.  Los problemas creados por el hombre son susceptibles a soluciones creadas por el hombre.  Ustedes son prueba de esto.  Y WCL es un testamento vivo de esta antigua verdad.  Al final del siglo pasado, cuando las oportunidades para las mujeres en la profesión legal eran prácticamente inexistentes, dos líderes pioneras – Ellen Spencer Mussey y Emma Gillett – cambiaron todo, y superaron las injusticias de su época, al establecer esta institución.

 

Ustedes saben que no pretendían fundar una escuela de leyes.  Pero, después de haber convencido a seis jóvenes mujeres a presentarse para estudiar derecho en la Universidad Columbian - actualmente la Universidad George Washington (GW) – esta institución se volvió una necesidad.  Esas seis jóvenes fueron rechazadas, y se les negó su sueño porque, de acuerdo con funcionarios de Columbian, y paso a citar, "las mujeres no tenían la mentalidad necesaria para el derecho".  Hoy, estoy orgulloso de ver que más de la mitad de los graduados de hoy son mujeres, en este campus, así como en el GW.  

 

Debido a ustedes - las jóvenes y los jóvenes ante mí - el espíritu de la lucha fundadora de WCL contra la injusticia está viva y sigue prosperando.  Ustedes han dedicado decenas de miles de horas a trabajos voluntarios para la reconstrucción de Nueva Orleáns.  Les han dado forma a las leyes de derechos humanos a través de su asociación con las Naciones Unidas.  Han trabajado con la Nación Navajo en proveer asistencia legal pro bono a comunidades tribales.  Y, por supuesto, han vencido en acabar con la injusticia del nuevo diseño del logotipo original de WCL.

 

Y, ahora, deben continuar con este trabajo.  Deben seguir sirviendo y facultando a los demás.  Y, sobre todo, deben aprovechar la nueva oportunidad de promover la causa de la justicia.  

 

Este trabajo, creo, debe comenzar por definir la justicia.  Considerando qué parece la justicia y preguntándose, ¿Cómo se siente la justicia?

 

Por supuesto, la justicia se siente como el 10 de junio de 1963, cuando el Presidente Kennedy habló en este campus y se convirtió en el primer presidente de la Guerra Fría en detallar su visión de un mundo más libre, más justo y más pacífico.  Pero la justicia también se siente como el día siguiente, el 11 de junio de 1963, en otro campus universitario, en Tuscaloosa, Alabama.

 

Esa mañana de verano - a órdenes del Presidente Kennedy, a insistencia del Secretario de Justicia Robert Kennedy, y con la ayuda del Departamento que hoy tengo el privilegio de encabezar - una joven llamada Vivian Malone pasó a ser uno de los dos primeros estudiantes afroestadounidenses en inscribirse en la Universidad de Alabama.  La mayoría de ustedes han visto las imágenes dramáticas: El Gobernador Wallace parado a la puerta de la escuela, exigiendo "segregación ahora" y "segregación para siempre"; el Secretario de Justicia Adjunta Katzenbach pidiéndose que se bajara; y, finalmente, la Guardia Nacional de Alabama exigiendo que se retirara.

 

Vivian es mi fallecida cuñada.  Mucho antes de haberla conocido personalmente, mucho antes de haberme casado con su hermana, mucho antes de que pudiera comprender plenamente y valorar el significado de ese momento, vi en las noticias cómo dio esos pasos históricos al frente.  Al pasar por esa puerta, lo que vi - y lo que vio el país entero - fue que, finalmente, se hacía justicia para los candidatos a estudiantes universitarios de raza negra en todas partes.

 

La justicia también se siente como el 28 de octubre de 2009, cuando el Presidente Obama firmó la primera ley en casi 225 años del Código de los Estados Unidos para referirse explícitamente a la identidad de género - la Ley de Prevención de Delitos por Odio Matthew Shepard y James Byrd, Jr.  Ese día, finalmente, nuestros fiscales adquirieron nuevas facultades para proteger a las comunidades, gay, lesbianas, bisexuales y transexuales de nuestro país contra delitos atroces por odio.

 

Les cuento estas historias con la esperanza de que los alienten a considerar, como un último ejercicio de pensamiento antes de recibir sus diplomas, qué visión de la justicia consideran más sagrada.  

 

Muchos de ustedes no solo tienen una visión, ya han puesto manos a la obra.  Carrie Garber fundó una organización sin fines de lucro para alumnos de escuelas camboyanas.  Caleb Medearis ya ha completado, y escuchen esto, 547 horas de servicio pro bono.  Y Adrián Álvarez viajó a la República Dominicana para mejorar la libertad de expresión.  Otros se han congregado contra la tortura, han iniciado tan necesarias clínicas legales, encabezaron talleres de derechos humanos internacionales, y han reunido a jueces, activistas y jueces de la Corte Suprema para debatir maneras de fortalecer nuestro sistema legal.  Miembros de esta clase utilizaron sus conocimientos para enseñar y guiar a alumnos de escuelas secundarias públicas de toda esta ciudad.  Y algunos de ustedes, en su más intensa búsqueda de la justicia, convencieron con éxito al Profesor Rice de que merecían ser aprobados en su clase de pruebas judiciales.

 

Sea cual fuera su visión, o su propósito, les pido que - no solo hoy, sino a lo largo de sus vidas - vean a la justicia como más que una simple ausencia de injusticia, sino como abundantes oportunidades.

 

Les quedarán, entonces, solo dos preguntas: ¿Cómo? y ¿Cuándo?  Contestarán estas preguntas con el mismo espíritu de servicio, compasión y compromiso que ha definido el tiempo que pasaron en este campus.  Después de todo, tantos de ustedes vinieron a WCL, y a la capital de nuestra nación, para recibir un diploma en leyes que no es un fin en sí, sino un medio para alcanzar una meta social mayor.

 

Y han promovido sus objetivos de muchas maneras distintas - pues esta es una clase fantásticamente diversificada.  Ustedes provienen de casi 50 países, desde Serbia, Siria y Kazakhstan a Dinamarca, Panamá e Irán.  Hablan 40 idiomas, incluidos Azerbaijano, Criollo, Kisuahilí, Urdú y Bámbara.  Han estudiado o trabajado en el exterior, en más de 30 países.  Y pronto se desplazarán a países de todo el mundo.  Ustedes son cineastas, terapeutas, intérpretes, reporteros, trabajadores de casos de refugiados, oficiales de las fuerzas armadas, arqueólogos, ministros, candidatos al Congreso, Misileros y, mi favorito, lingüistas criptológicos. Simplemente, no existen límites para lo que pueden lograr.  Y no existe momento más importante para que apliquen su experiencia.  

 

Entiendo que, cuando los graduados de Doctor en Derecho (Juris Doctor, J.D.) de hoy llegaron inicialmente aquí en 2007, el Director Grossman formuló una pregunta a esos estudiantes de 1-L.  "¿Qué es más emocionante", preguntó, "que estudiar una carrera que les dé la oportunidad de dar forma al mundo y mejorarlo?"  Hoy, estoy aquí para decirles que, de hecho, existe algo más emocionante que estudiar esta carrera y que es comenzar esta carrera profesional.

 

A partir de hoy, ya no son apenas estudiantes de derecho.  Ahora son representantes de nuestro sistema judicial.  Y es mucho lo que espero de todos ustedes - especialmente los tres graduados que pronto vendrán al Departamento de Justicia, a trabajar para mí.

 

Pero independientemente de lo que decidan hacer, sea cual fuere el camino que elijan, no se me ocurre ningún momento más emocionante para ingresar a la profesión legal que esta nueva década del siglo 21.  Todo ustedes tienen el potencial - así como el poder que les concede el diploma de abogado - de mejorar sus propias circunstancias, ayudar y proteger a los demás, y guiar a nuestra nación, y nuestro mundo, hacia una nueva era de prosperidad, recuperación y oportunidad.  

 

Por lo tanto, en el espíritu del discurso de 1963 del Presidente Kennedy, "confiados y sin temor… trabajemos" juntos en logar la justicia para toda la humanidad.

 

Esa es la misión de ustedes - y esto, graduados, es su responsabilidad.

 

Buena suerte, y felicitaciones a todos.  Junto con Marilyn, estoy orgulloso de cada uno de ustedes.