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El Secretario de Justicia de los Estados Unidos Eric Holder habla en la Cena Anual de la Asociación Metropolitana de Abogados Negros
Nueva York ~ Lunes, 28 de junio de 2010

Gracias, Juez Abdus-Salaam.  Gracias por sus gentiles palabras, y - porque somos amigos hace tantos años - estoy especialmente agradecido por las historias que dejó de contar.  Shelia me conoce desde mi época de estudios universitarios, cuando caminaba por el campus de la Universidad de Columbia con mucho que aprender y con una tendencia a cometer errores.  Era la década del 70.  Pero, inclusive en esa época, durante nuestros años juntos en la universidad y la escuela de leyes, sabía que Shelia tendría un futuro brillante.  Como estudiante, como abogada, y ahora como jueza, siempre ha sido una defensora de la causa de la justicia.  Y es un honor especial recibir este premio de una persona cuya carrera y carácter siempre he admirado.

 

Permítanme también agradecer a la Asociación Metropolitana de Abogados Negros por la buena compañía, entre tantos viejos amigos, distinguidos abogados y tres premiados exitosos.  Al Jurista del Año, Juez Yvonne Lewis, al Abogado del Año, Lisa Davis, al Abogado Empresarial del Año, Atiba Adams, mis felicitaciones.

 

Son muchos los motivos por los que estoy encantado de estar aquí.  Por encima de todas las cosas, es fantástico estar en casa, en mi ciudad natal.  Como algunos de ustedes, crecí en Queens.  Y una de las grandes bendiciones de mi vida fue ser criado por padres y abuelos que tenían profundo aprecio por este país y, en especial, por esta gran ciudad.  Mi padre y cada uno de mis abuelos - como muchos que se dirigieron a las cosas de los Estados Unidos - llegaron a Nueva York de otro lugar - la gran isla de Barbados - con poco más que la esperanza de una vida mejor y un sueño para sus hijos.

 

Ese sueño de progreso y oportunidad - para mi propia familia, para mi pueblo y para mi nación - es lo que inspiró mi interés en la ley, mi estudio del derecho, y cada paso de una carrera dedicada a servir y hacer lo posible por lograr la perfección de nuestro sistema judicial.  Pero también me sirvió de inspiración lo que vi y viví aquí, en Nueva York.  Al crecer en las calles de East Elmhurst y Harlem, vi las dificultades de las personas que habían sido dejadas afuera y postergadas - personas que habían perdido la fe en ver la promesa de la justicia cumplida en sus vidas.  Años más tarde, en Manhattan, fui testigo directo del poder de la ley para cambiar vidas.  Mientras cursaba la escuela de leyes, pasé un verano como Interno en la Asociación Nacional para el Progreso de Personas de Color [National Association for the Advancement of Colored People (NAACP)].  En el Fondo de Defensa Legal, tuve la oportunidad de aprender sobre, y hasta trabajar en algunas de las demandas de discriminación más importantes de la época.  También vi como el trabajo de abogados dedicados puede ayudar a restaurar la esperanza, reconstruir sueños y promover la causa de la justicia.

 

Yo quería ser uno de esos abogados.  Quería ser parte de una profesión que, desde los primeros días de nuestra nación, asume el desafío de lograr y administrar justicia.  Y me estimularon las historias y los ejemplos de nuestros predecesores - especialmente los muchos abogados a lo largo de la historia que eligieron servir la causa de la justicia, aunque fueron excluidos por el sistema judicial de nuestra nación.  Sin sus aportes y sin su sacrificio, ninguno de nosotros estaría aquí.  Y nuestra nación no hubiera visto el progreso que celebramos hoy.  Nunca debemos olvidar esto.  

 

Sin embargo, así como la historia de este país es de adversidades, también lo es de progresos.  Esta asociación siempre lo ha asegurado - y ha hecho una tradición de decir la verdad para lograr el poder, tomar la solución al problema y - como nos recuerda el tema de este año - constantemente exigirse más.

 

Cada uno de ustedes es parte de una larga fila de pioneros.  Y creo que es particularmente significativo que nos hayamos reunido aquí, en este día, para homenajear su legado.  Hace exactamente treinta y cinco años hoy - el 28 de junio de 1975 - la Asociación de Abogados de Harlem, junto con su otra organización madre, la Asociación de Abogados de Bedford-Stuyvesant, colocó algunas mesas y sillas delante del Edificio de la Oficina del Estado en la calle 125 para ofrecer algo que la Ciudad de Nueva York, y gran parte del mundo, jamás había visto: una clínica legal gratuita.

 

Era una idea simple, pero un momento revolucionario.  Un artículo de julio de 1975 del New York Times sobre la clínica ubicada en una esquina comienza de la siguiente manera: "Asesoría legal gratuita.  Parece una contradicción para un profesional educado bajo el adagio de Abraham Lincoln de que el tiempo y los consejos son el medio de vida del abogado".

 

El trabajo gratuito puede haberles parecido una aparente "contradicción" a algunas personas en ese entonces.  Pero, gracias a la determinación de sus predecesores, los abogados voluntarios y la asesoría legal gratuita han pasado de ser raros a ser algo común.  Y, ahora, se los considera una responsabilidad para hasta los abogados más poderosos y mejor remunerados.  Ese es un mérito del grupo de ustedes, aunque suelan no recibir crédito por ello.

 

Para mí, la parte más interesante del 28 de junio de 1975, es examinar los principales temas que se les pedía a dichos abogados que trataran.  Hace treinta y cinco años, los residentes de Harlem pedían ayuda para: "problemas entre caseros e inquilinos, bienestar social, seguro social, estampillas para alimentos, problemas laborales asociados al desempleo, problemas criminales, negligencia médica, divorcio y situaciones del Tribunal de Familia".  En otras palabras, poco ha cambiado.  Estas son, más o menos, las mismas crisis legales que enfrentan los indigentes aquí, en Nueva York, y en todo el país.  Y, lamentablemente, nos encontramos con estos dilemas legales - y las mismas limitaciones para recibir asesoría legal - con frecuencia cada vez mayor.

 

Es por eso que, como muchos de ustedes saben, el Departamento de Justicia recientemente tomó un paso histórico para hacer del acceso a la justicia una parte permanente de nuestra labor.  En marzo, lanzamos la innovadora "Iniciativa de Acceso a la Justicia", liderada por el eminente profesor de leyes de Harvard, Larry Tribe.  Esta nueva oficina fue establecida para cumplir con nuestra responsabilidad de mejorar la justicia y la integridad de nuestro sistema legal.  Y refleja una garantía constante de que ampliar el acceso a los servicios legales es, y seguirá siendo, una prioridad para este Departamento de Justicia.  

 

Me complace anunciar que el equipo de Acceso ha asumido una agenda ambiciosa.  Se están reuniendo con líderes de nuestra profesión, desde el Juez Principal Lippman aquí, en Nueva York, hasta el Consejero Legal de Política Nacional de la Casa Blanca, para formar las asociaciones necesarias para abrir las puertas de la justicia a todos - independientemente de sus ingresos.  Hace apenas unas semanas, el Profesor Tribe viajó al Bajo Manhattan para inaugurar el Programa Ad Honorem del Gobierno Federal - Ciudad de Nueva York del Departamento de Justicia, lanzado recientemente después de su gran éxito en Washington, D.C. y Chicago.  Como lo probaron dichos eventos, existen oportunidades interminables para que hasta los abogados gubernamentales más atareados provean servicios gratuitos a quienes más necesitan nuestra ayuda.

 

Pero esto es algo que no necesito decirles.  No necesito decirles que ese servicio público es de lo que se trata lo mejor de los Estados Unidos.  Sus asociaciones principales tuvieron como inspiración el compromiso a los derechos civiles, a la igualdad de oportunidades y a la causa de la justicia.   Abogaron contra la segregación y ayudaron a mejorar un sistema que antiguamente debilitaba los derechos y privilegios que tendría que haber protegido.   Eran más que organizaciones profesionales; eran agentes para el cambio.  

 

Nuestros predecesores fueron verdaderos pioneros.  Me refiero a los muchos grandiosos abogados afroestadounidenses de esta ciudad, y, especialmente, a dos inolvidables que nos dejaron el año pasado.  Percy Sutton, el gran activista de derechos civiles, defensor de la libertad, empresario, político - y, por supuesto, abogado de Harlem - falleció en diciembre - una gran pérdida para nuestra profesión.  Y en febrero, Ermyn Stroud, mejor conocida como "la Juez", también nos dejó.  Ella fue pionera no solo por ser afroestadounidense, sino también como abogada del sexo femenino.  Y fue la presidente visionaria de la Asociación de Abogados de Harlem que lideró esa primera clínica legal gratuita en este día en 1975.  Todos tenemos la suerte de ser los beneficiarios de su labor.  Y siempre debemos recordar que seguimos sus pasos y nos apoyamos en sus hombros y en los de otras personas.  Es mucho lo que le debemos a esa generación.

 

Estos líderes tenían una creencia tan profunda en los valores y la promesa de esta nación que, inclusive cuando los Estados Unidos a veces les fallaba, no se dieron por vencidos.  Y con su labor hicieron posible que yo, y todos nosotros, siguiéramos nuestros sueños de practicar el derecho - y utilizáramos esa oportunidad para mejorar las vidas de otras personas.

 

A pesar del progreso logrado en la creación de una nación más igualitaria, queda mucho por hacer.  Pueden sentirse tentados, al observar a los muchos abogados exitosos en este salón, o la diversidad de las personas que caminan por los pasillos del Congreso, o al hombre sentado en la Oficina Oval, a creer que se ha logrado la justicia equitativa para todos los ciudadanos estadounidenses.  Pero hará falta mucho más que una asociación de abogados negros floreciente y la elección del primer Presidente afroestadounidense para cumplir plenamente la promesa de igualdad para todos los estadounidenses.  Y, sin lugar a dudas, hará falta algo más que la designación del primer Secretario de Justicia de los EE.UU. afroestadounidense para asegurarnos de que el sistema judicial de los Estados Unidos refleje los valores y principios consagrados en los documentos fundadores de nuestro país.

 

Quienes trabajamos en el Departamento de Justicia asumimos un compromiso hacia este trabajo.  Además de lanzar la Iniciativa Acceso a la Justicia, hemos fortalecido la División de Derechos Civiles y nos hemos concentrado en las protecciones de los derechos civiles en el empleo, la vivienda, la votación y la emisión de sentencias.  Cada ciudadano estadounidense - y, ciertamente, cada persona en esta sala - puede tener un papel en promover esta labor.

 

El espíritu de la justicia que llevó a la creación de la Asociación Metropolitana de Abogados Negros el 5 de julio de 1984 aún brilla esta noche.  El lunes próximo será el 26º aniversario de esta Asociación.  Y el día anterior, nos uniremos a nuestros vecinos y compatriotas para celebrar la fundación de nuestra nación hace 234 años.  La mejor manera, creo, de homenajear este pasado es ampliar el extraordinario progreso logrado hasta que la justicia ya no sea una aspiración, sino una realidad para cada ciudadano estadounidense, rico o pobre, blanco o negro.  

 

Así como nos apoyamos en los hombros de los líderes, abogados y defensores que nos precedieron, ahora debemos continuar su labor.  Cada uno de nosotros tienen la capacidad - y el deber - de ayudar a los demás a realizar su potencial, abrir más puertas a la oportunidad, y empujar a nuestra nación hacia adelante en el largo camino hacia la justicia y la igualdad.  Podemos tener éxito en la labor iniciada por quienes abrieron el camino en que nos encontramos si mantenemos nuestro compromiso, si mantenemos nuestro enfoque y seguimos leales a los valores que permitieron a nuestro pueblo florecer en las épocas más difíciles.     

 

Recorramos este camino juntos, comprometidos con nuestro trabajo y dedicados a los principios que nos llevarán a la verdadera justicia e igualdad.  

 

Gracias.