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Noticias
Comentarios del Secretario de Justicia Auxiliar de Derechos Civiles Thomas E. Prez en su ceremonia de asunción
~ Viernes, 13 de noviembre de 2009

Tengo que comenzar agradeciéndole al Secretario de Justicia de los Estados Unidos Holder por este regreso.   Es un honor haber sido designado para encabezar la División de Derechos Civiles después de haberle dedicado tantos años. También tengo que agradecerle por recordarnos constantemente a todos que la División es una prioridad para usted y para el Presidente.

(Gracias a otros participantes del programa)

Recientemente estuve en una reunión con representantes de algunas organizaciones de derechos civiles y uno de ellos me contó una historia que me hizo pensar. Estaban hablando a la junta editorial de un importante periódico sobre el compromiso del gobierno con la revitalización de la División de Derechos Civiles, y un miembro de la junta planteó una pregunta: ¿Por qué seguimos necesitando una División de Derechos Civiles?

En 2009, casi 50 años desde la aprobación de la histórica Ley de Derechos Civiles de 1964; casi un siglo y medio después de la proclama de emancipación; y un año después de que el pueblo estadounidense férreamente enviara a una familia afro estadounidense a la Casa Blanca: ¿por qué necesitamos una División de Derechos Civiles?

Es una pregunta interesante y provocadora.

Sin lugar a dudas, hemos recorrido un largo camino. Ha pasado toda una generación desde que los líderes de nuestro país reconocieron la injusticia de la segregación legal. Las mujeres superan en número a los hombres en el mercado laboral. Tenemos un Presidente afro estadounidense, una Jueza de la Corte Suprema latina y una Presidente de la Cámara mujer. Mis padres seguramente no se podrían haber imaginado ninguna de estas cosas, pero mis hijos están criándose sin conocer otra realidad.

Hay quienes piensan que la tarea ha finalizado, que desearían cerrar el libro y decir que hemos cumplido con la promesa de igualdad de oportunidades y justicia para todos.

Y, dejando de lado mi seguridad laboral, desearía que tuvieran razón. Desearía que las históricas elecciones del año pasado hubieran sido la culminación en vez de un punto de control en el camino.  

Pero, como el difunto Senador Ted Kennedy a menudo nos recordaba, los Derechos Civiles verdaderamente son la tarea inconclusa de los Estados Unidos. Quizás con la misma intensidad que cualquier otro momento del último medio siglo, todavía necesitamos una División de Derechos Civiles.

Necesitamos una División de Derechos Civiles porque, como escribió el Dr. Martin Luther King Jr. desde una pequeña celda en la Cárcel de Birmingham City, “Una injusticia en cualquier lugar es una amenaza a la justicia en todo lugar”.

Y cuando tres hombres tienen que escapar de su casa en llamas incendiada por un vecino por el idioma que hablan y el color de su piel, como sucedió recientemente en un caso que pasó por mi escritorio, ese sin lugar a dudas es un caso de injusticia y una amenaza a la justicia en todo el país.

Necesitamos una División de Derechos Civiles porque, como dijo el Presidente John F. Kennedy cuando presentó lo que pasó a ser la Ley de Derechos Civiles de 1964, “…esta Nación, con todas sus esperanzas y alardes, no será verdaderamente libre hasta que todos sus ciudadanos lo sean”.

Y cuando nuestros hermanos y hermanas LGBT no poseen las mismas protecciones bajo la ley que el resto de nosotros, no son libres y, por lo tanto, nuestra nación no es totalmente libre.

Necesitamos una División de Derechos Civiles porque, como dijo Hubert Humphrey: "La prueba moral del gobierno es cómo trata a quienes están en el amanecer de la vida, los niños; quienes están en el crepúsculo de la vida, los ancianos; y quienes están en las sombras de la vida, los enfermos, los carenciados y los discapacitados".

Y en 2009, a pesar de grandes avances, demasiadas personas siguen en las sombras. Demasiadas personas de color se encuentran indefensas frente a viviendas y préstamos discriminatorios. Demasiadas personas con discapacidades siguen luchando para acceder a los servicios básicos que los demás damos por sentado. Demasiados estudiantes siguen careciendo de la educación de calidad que todos los niños tienen garantizada por ley. Demasiados nuevos estadounidenses que llegaron a este país buscando la misma libertad y las mismas oportunidades que nuestros padres y abuelos terminan siendo blanco de la intolerancia y el odio.

Necesitamos una División de Derechos Civiles para sacar a estas personas de las sombras. Necesitamos una División de Derechos Civiles para respaldar la promesa de nuestro país de igualdad en la justicia para todos.

Necesitamos una División de Derechos Civiles porque la noche que Barack Obama fue electo como el primer presidente afro estadounidense de nuestro país, cuatro hombres en Staten Island salieron a agredir a afro estadounidenses a modo de represalia.

Necesitamos una División de Derechos Civiles porque los extremistas siguen pensando que tienen derecho a asesinar a un médico porque brinda un servicio con el que no están de acuerdo.

Necesitamos una División de Derechos Civiles porque, si bien todos pensamos que habíamos dejado atrás hace mucho las costumbres del sur de Jim Crow, el mes pasado leímos en el periódico sobre un Juez de Paz que decidió por cuenta propia que los negros y los blancos no se deberían casar.

Necesitamos una División de Derechos Civiles porque cuando el gobierno federal entra a una comunidad para subsanar una equivocación, nuestra presencia y nuestra autoridad moral y legal marcan una gran diferencia y tienen una capacidad única de lograr un cambio positivo y duradero.

Necesitamos una División de Derechos Civiles porque es la brújula moral de nuestro país. Respalda con acciones las promesas hechas en papel por las leyes de derechos civiles de nuestro país. Sirve como faro mientras navegamos nuevos senderos en el camino a la igualdad en la justicia.

La pregunta no es “¿Por qué necesitamos una División de Derechos Civiles?”.

En realidad, la pregunta que deberíamos hacernos es: ¿Qué significan los derechos civiles en el siglo XXI?

He tenido bastante tiempo para analizar esta pregunta.

Los Derechos Civiles en 2009 y en adelante significan seguir luchando contra el tipo de discriminación descarada que persiste, pero también enfrentar la discriminación más sutil, pero igualmente peligrosa, que infecta tantas de nuestras instituciones.

Significa abordar la fuerte injusticia inflingida por la explosión en los préstamos de alto riesgo y la consiguiente crisis de ejecuciones hipotecarias que, si bien ha afectado todos los rincones del país, ha tenido un impacto desproporcionado en las personas de color y ha amenazado la estabilidad de sus comunidades en índices mucho mayores que los de los blancos.  Los prestamistas inescrupulosos a menudo tienen el poder corrosivo de la letra pequeña para engañar a personas trabajadoras y destrozar comunidades. Contamos con leyes de préstamos justos y vivienda justa. Debemos hacerlas valer de manera justa, enérgica e independiente.  

Los Derechos Civiles en 2009 significan trabajar para crear servicios, programas e instalaciones públicas que sean accesibles a personas con discapacidades, reconociendo que pueden hacer una gran contribución a nuestra sociedad y nuestras comunidades, que solo puede maximizarse si tienen igualdad de acceso. Significa reconocer que segregar a las personas con discapacidades en instituciones es igual de malo e ilegal que segregar a niños de color en escuelas de calidad inferior.

Significa comprender cómo las repercusiones de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 han expuesto a las comunidades árabe-estadounidense y musulmana-estadounidense a reacciones violentas injustificadas, y trabajar para asegurarnos de no caer en la trampa de creer que protegemos la seguridad nacional y de las calles o los derechos civiles. Podemos y debemos proteger ambas cosas.

Los derechos civiles en 2009 significan comprender que los derechos civiles son derechos humanos, y que somos ciudadanos del mundo que deben dar el ejemplo correcto a los demás. Significan asociarnos a niveles nuevos sin precedentes: asociarnos con agencias hermanas, gobiernos estatales y locales y, cuando corresponda, con abogados privados y sin fines de lucro, siempre siendo concientes de la independencia que debemos mantener.

Significan reconocer cuando nuestras leyes se quedan cortas y trabajar para zanjar la brecha. Hoy en día, en este país, personas LGBT trabajadoras ni siquiera están protegidas por las leyes de derechos civiles del país, y no tienen ningún recurso jurídico contra la discriminación en el trabajo. Es totalmente injusto que mi cuñada que es heterosexual goce de protecciones contra la discriminación en el lugar de trabajo, mientras que mi cuñada que es lesbiana no posee ninguna protección. Los Derechos Civiles en 2009 significan expandir el universo de personas protegidas por la ley. La reciente aprobación de la Ley Matthew Shepard y James Byrd Jr. de Protección contra los Delitos por Odio es un buen inicio en esa dirección.

Los Derechos Civiles en 2009 significan restablecer y transformar la División de Derechos Civiles: no con la intención de recrear la División de Derechos Civiles de una época anterior, sino para prepararnos para afrontar los desafíos de la actualidad y asegurarnos de ser lo suficientemente hábiles para abordar los desafíos que nos esperan.

En resumen, la División de Derechos Civiles está abierta al público. Nuestro trabajo es hacer valer las leyes de derechos civiles: todas las leyes. La aplicación de Derechos Civiles no es como la cola del buffet en el comedor. No se puede elegir a dedo las leyes que nos gustan y descartar las que nos desagradan. Haremos valer todas las leyes de manera justa, enérgica e independiente, y usaremos todas las herramientas que tengamos disponibles.

Me gustaría finalizar observando que estamos en un punto de inflexión. Hace solo un año estábamos todos regodeándonos por la elección del Presidente Obama. No caben dudas, fue un logro espectacular para un país con una historia tan larga y complicada de relaciones raciales. Pero al analizar en retrospectiva la historia del desarrollo de los derechos civiles en nuestro país, cada momento de gran progreso ha estado seguido de períodos de grandes desafíos.

Thomas Jefferson escribió sobre la gran verdad evidente: que todos los hombres fueron creados iguales, pero pasaría casi un siglo antes de que se aboliera la esclavitud en la tierra de los libres.

Abraham Lincoln firmó la Proclama de Emancipación y luego habló de un nuevo nacimiento de la libertad en Gettysburg, pero la gran promesa de esos momentos fue seguida de décadas de segregación legal, discriminación y odio.

En 1963, el Dr. King escribió “hemos esperado más de 340 años por nuestros derechos constitucionales y dados por Dios”. Él y los otros “tambores mayores por la justicia” ayudaron a garantizar esos derechos con la Ley de Derechos Civiles de 1964 y la Ley de Derechos Electorales del año siguiente.  Y, sin embargo, hoy, 45 años después, la injusticia persiste.

Hemos hecho grandes progresos. Pero cuando pasamos cada acontecimiento importante, debemos darnos vuelta para enfrentar los nuevos desafíos que tenemos por delante.

Me entusiasma lo que está por delante y agradezco los sacrificios que mi esposa y mis hijos hacen casi todos los días para permitirme asumir estas responsabilidades.  Sé que el éxito no será fácil, pero es un gran privilegio tener esta oportunidad de volver a mis raíces en la División de Derechos Civiles y ayudar a dirigirla a su nuevo capítulo en esta historia épica.