Se sometió a la justicia colombiana en marzo de 1996 y pagó cuatro años y tres meses de prisión por haber enviado, según su propia confesión, 30 toneladas de cocaína a Estados Unidos y de participar en 23 embarques más hacia ese país en asocio con el cartel de Tijuana, de México.
Cuando creía estar a paz y salvo con la justicia, el gobierno de E.U., Nueva York y Washington D.C. pidieron su captura con fines de extradición por, presuntamente, aún ser parte del cartel del Norte del Valle.
“Se tiene conocimiento de que actualmente continúa dedicado a las actividades relacionadas con el narcotráfico, para lo cual utiliza empresas fachadas para lavar el dinero proveniente de ese negocio ilegal”, dice un informe de inteligencia. Empezó como montador de caballos de paso de propiedad de narcotraficantes, como Iván Urdinola, ganándose la confianza de sus jefes, asumiendo posteriormente el liderato para el envío de grandes cantidades de droga al exterior.