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Comentarios del Secretario de Justicia de los Estados Unidos Holder en la cena de los Premios 2010 del Centro Shriver
Chicago ~ Jueves, 14 de octubre de 2010

Gracias, John Bouman. Es un placer estar con usted y estar entre tantos amigos. Y si bien agradezco sus amables palabras, esta noche lo que más agradezco es la oportunidad de celebrar el trabajo que lideran usted, Stu Cohen, y el personal, la Junta Directiva y los numerosos colaboradores del Centro Shriver.

 

Su trabajo ha ayudado a establecer al Centro Shriver como un recurso internacional de peso sobre ley de pobreza: y como una voz poderosa para las personas más vulnerables. Desde hace más de tres décadas, ustedes luchan para proteger los derechos y los intereses de estadounidenses necesitados y en riesgo. Ustedes han encontrado maneras innovadoras de brindar asistencia legal a quienes luchan para acceder a nuestro sistema de justicia y demandar sus derechos. Y han logrado progresos significativos para cumplir la visión del Sargento Shriver de una sociedad más justa y más inclusiva.

 

En nombre del Departamento de Justicia de nuestro país, estoy agradecido, y orgulloso, de tenerlos como asociados. Quiero agradecer a cada uno de ustedes por el servicio que brindan e inspiran, y la diferencia que marcan en todo Chicago: y mucho más allá.

 

También quiero agradecer a todos ustedes por este maravilloso premio. Me honra ser uno de los distinguidos ganadores de este premio y estar asociado con el homónimo de este Centro, y este premio.  

 

Aunque lamento que el Sargento Shriver no pueda estar aquí con nosotros, la obra que realizó durante su vida es lo que honramos esta noche y con lo que nos volvemos a comprometer.

 

Hace cuarenta y siete años, mientras nuestro país luchaba para superar nuevas amenazas y divisiones de hace mucho tiempo, el Sargento Shriver le aseguraba al pueblo estadounidense que, “Las personas con un compromiso profundo, preparadas para trabajar y sacrificarse, pueden tener un profundo impacto en los problemas más difíciles e intransigentes”. En las décadas que pasaron desde ese entonces, se han logrado grandes progresos al tratar problemas difíciles e intransigentes. Pero al reflexionar sobre estas palabras – y pronunciarlas ante ustedes – tengo plena conciencia de cuánto debemos hacer como nación. 

 

Para el Departamento de Justicia actual, este trabajo ya está en marcha en la División de Derechos Civiles, un lugar de especial importancia para muchos de ustedes. Me enorgullece anunciar que, en los últimos 20 meses, esta división ha reafirmado su papel como la conciencia del Departamento y la mejor agencia de aplicación legal de derechos civiles de los Estados Unidos. Creo que esto es lo que querrían el Sargento Shriver y su cuñado, mi predecesor el Secretario de Justicia de los Estados Unidos Robert Kennedy.

 

De más está decir que todavía hay mucho trabajo por hacer. Sigue habiendo injusticias que enjuiciar y problemas que remediar. Pero nuestra labor enérgica de aplicación legal está teniendo un impacto positivo y poderoso en la protección de los derechos de estadounidenses discapacitados, personas internadas, votantes, veteranos, trabajadores, estudiantes y militares. Estamos garantizando la protección de oportunidades educativas y laborales, así como también las libertades religiosas de todos nuestros ciudadanos. Y estamos logrando un progreso extraordinario – a través de demandas en Chicago y otros lugares – en la lucha contra el tráfico de personas, en la defensa de la justicia en nuestros mercados de vivienda y préstamos, y en la protección de los derechos civiles en nuestras juntas directivas, cabinas de votación y a lo largo de nuestras fronteras.

 

De hecho, en el año fiscal 2009, el Departamento de Justicia estableció un récord del mayor número de casos criminales de derechos civiles entablados de la historia. Y en el año fiscal 2010, superamos ese récord.

 

Parte de ese trabajo se ha enfocado en el tratamiento del problema creciente y alarmante de los delitos por odio. El año pasado, líderes de todo el Departamento trabajaron sin descanso para lograr la aprobación de la Ley de Prevención de Delitos por Odio Matthew Shepard y James Byrd, Jr.: una de las nuevas leyes de derechos civiles más significativas de las últimas décadas. Hoy en día, nuestros fiscales están haciendo valer activamente esta ley y utilizando las nuevas herramientas que brinda.

 

Si bien las violaciones de los derechos civiles no se limitan a ningún grupo socioeconómico, racial o geográfico – como han señalado muchos de ustedes – a menudo quienes más sufren son los más pobres. Pero mediante diversas iniciativas, el Departamento de Justicia está trabajando para remediar esta situación. Por ejemplo, hemos lanzado una nueva unidad de préstamos justos y realizamos nuestra primera cumbre sobre préstamos justos este año aquí en Chicago. Me complace anunciar que hace poco también conseguimos el mayor acuerdo conciliatorio sobre otorgamiento justo de préstamos de la historia del Departamento.

 

Hemos lanzado y fortalecido asociaciones con líderes de todo el gobierno – y con agentes locales, estatales y federales de las fuerzas del orden público – para garantizar la justicia en nuestros mercados de vivienda y préstamos, así como también en nuestros sistemas de salud, correccionales y educativos.

 

Aquí en Chicago, es evidente la importancia de estas asociaciones. Como muchos de ustedes saben, hace un año, el Secretario de Educación Arne Duncan y yo viajamos juntos después de la atroz golpiza sufrida por Derrion Albert, un joven de 16 años. Derrion fue uno de los cuarenta estudiantes de secundarias públicas de Chicago asesinados el año pasado. Su ataque fatal – captado en video para que todo el mundo lo viera – fue un llamado de atención para nuestro país, y para muchos de los ciudadanos y comunidades a los que ustedes sirven.  

 

Un año después, el desafío persiste. El mes pasado, un estudiante fue asesinado en el segundo día de clases. Esto es inaceptable. Y, para este grupo – líderes que se niegan a ignorar la injusticia o el sufrimiento de los demás – es un llamado a la acción. Es otra razón más para analizar las conexiones entre la seguridad pública, la violencia juvenil, las oportunidades educativas y la pobreza.  

 

Cuando me reuní hoy con la delegación interagencia de Chicago de nuestro Foro Nacional sobre Prevención de Violencia Juvenil, tuve la oportunidad de comentar algunas de las inquietudes que todos tenemos en común. Y me enteré sobre algunos de los problemas locales de violencia juvenil que ustedes enfrentan.

 

En toda la ciudad, y en otros lugares, la exposición infantil a la violencia es un problema en crecimiento: un problema que también está relacionado con la justicia civil. Por eso hace algunas semanas, el Departamento de Justicia lanzó una nueva iniciativa de Defensa de la Infancia con el fin de prevenir la exposición de los niños a la violencia – ya sea como agentes, observadores o víctimas – y mitigar los efectos negativos de la violencia. Al renovar y reenfocar nuestra labor para servir a los niños más vulnerables y con mayores dificultades de nuestro país, que a menudo son los más pobres, creo que podemos mejorar el país que amamos niño por niño.

 

Además de este trabajo, me gustaría contarles sobre otra nueva iniciativa del Departamento que está contribuyendo a fortalecer nuestras comunidades y servir a quienes necesitan, y merecen, la asistencia y el asesoramiento que los abogados pueden brindar.  

 

Ayudar a asegurar la promesa de “igualdad de justicia para todos” es una de las obligaciones fundamentales, y más cruciales, del Departamento. Muchos de ustedes han dedicado su vida a esta labor. Y saben perfectamente cuánto queda por hacer. Hoy en día, las deficiencias actuales de nuestro sistema de defensa de personas indigentes y las brechas en los servicios legales para los pobres y la clase media no solo constituyen un problema, sino una verdadera crisis. Y esta crisis parece ser tan “difícil e intransigente” como cualquiera de las otras crisis que enfrentamos actualmente. Algunas oficinas de defensores públicos tienen problemas tan graves de falta de fondos y personal que la cantidad promedio de casos de un solo abogado puede ir desde 500 hasta 900 casos de delitos graves y más de 2,000 casos de delitos menores por año. Eso es más del quíntuple de los límites establecidos por la Comisión Asesora Nacional de Justicia Criminal.

 

La situación en asuntos civiles es igual de desmedida. Estos casos quizás no terminen con condenas a prisión, pero dadas las posibilidades de deportación, pérdida de custodia de menores y desalojo, pueden afectar y arruinar vidas. No obstante, en todo el país, quienes no pueden costear representación legal en este tipo de procesos no tienen derecho a representación a expensa del público. Y, lamentablemente, salvavidas como la Corporación de Servicios Legales, y muchos de los programas de ayuda legal a los que apoya, tienen problemas graves de falta de fondos.

 

Estos son problemas sistémicos. Y requieren una reinvención más que una mera reforma. Es por eso que el Departamento hizo un compromiso histórico y permanente de expandir y garantizar el acceso a los servicios legales. Esta primavera, creamos una nueva Oficina de Acceso a la Justicia, encabezada por uno de los académicos constitucionalistas más renombrados de nuestro país: Larry Tribe.

 

A través de esta iniciativa histórica, estamos trabajando para garantizar que haya disponible y accesible una representación legal de calidad para todos los demandados indigentes. En ciudades desde Chicago hasta Nueva Orleáns, estamos fomentando planificación y reformas integrales, aumentando la capacitación y asistencia técnica para programas de defensores, apoyando Tribunales Tribales y mejorando el sistema de justicia criminal.

 

Al mismo tiempo, estamos aumentando la representación legal civil para la clase media y los pobres trabajando para fortalecer la Corporación de Servicios Legales. También estamos fomentando la creación de más comisiones estatales de Acceso a la Justicia; haciendo partícipes a las asociaciones de trabajo voluntario; expandiendo el acceso a programas de casos de violencia doméstica, robo de salarios, ejecuciones hipotecarias y dependencia infantil; y trabajando para reformar la educación legal de manera tal que los estudiantes puedan aprender de estas iniciativas y contribuir con ellas.

 

Y, siempre que sea posible, estamos promoviendo soluciones fuera de los tribunales. Por ejemplo, aquí en Chicago estamos preparándonos para trabajar con un grupo de asociados –   entre ellos el Chicago Appleseed Fund for Justice, el Consejo de Abogados de Chicago, el Departamento de Policía de Chicago, la Oficina del Fiscal Estatal y otros participantes claves del sistema de justicia criminal – para implementar un programa de aplazamiento para personas condenadas por primera vez por delitos no violentos relacionados con las drogas. Todos podemos sentirnos inspirados por este tipo de innovación: y por este nivel de colaboración.

 

Si bien me complace el hecho de que estemos avanzando en tantos frentes, reconozco que – en algunos casos – parece como si hubiéramos partido hacia un destino, pero con el mapa de ruta sin terminar.

 

Pero la urgencia de los problemas actuales exige que avancemos de todos modos: como recomendó el Sargento Shriver en 1964 cuando hablaba de las iniciativas nacionales para luchar contra la pobreza y la injusticia.

 

“Todavía no sabemos todo lo necesario sobre la tarea que tenemos por delante…pero llegaremos al destino”, dijo. “Vamos a averiguarlo mediante…un trabajo de prueba y error”.

 

Si bien ha pasado casi medio siglo, este trabajo continúa. La lucha contra la pobreza y la injusticia persiste. Pero, afortunadamente, nuestro enfoque ha cambiado. Ahora estamos complementando el método de prueba y error con ciencia sólida. Hasta la fecha, y por demasiado tiempo, el estudio científico de nuestro sistema de justicia criminal ha sido insuficiente. Pero estamos trabajando para corregir esta deficiencia. Y el Departamento de Justicia actual está comprometido a llevar a cabo la investigación y el análisis necesarios para permitir tomar decisiones basadas en evidencia en todos los niveles.  

 

No tengo dudas de que, al aplicar más ciencia a nuestro trabajo, podremos ampliar el progreso logrado: y encontrar las respuestas y soluciones que necesitamos.  

 

De más está decir que, como el Sargento Shriver a menudo nos recordaba, el mundo no puede cambiar de un día para el otro. Pero en la labor de garantizar derechos civiles e igualdad en la justicia, el progreso que buscamos no está fuera de nuestro alcance. No está más allá de nuestras posibilidades. No excede nuestra vida. Esto ya es evidente en las maneras en que estamos reposicionando la profesión legal y redefiniendo las obligaciones que los abogados tienen con nuestra sociedad. Y noches como esta – y la oportunidad de estar con tantos asociados dedicados, talentosos y motivados – me llenan de un optimismo especial sobre lo que se puede lograr, y se logrará.  

 

Como el Sargento Shriver, debemos creer en la promesa de este país, en el poder del individuo y en la posibilidad de acciones comprometidas y coordinadas. Mientras seguimos marcando nuestro rumbo, nos guía el liderazgo del Centro Shriver, nos alienta el trabajo del Departamento de Justicia y nos inspiran los aportes individuales – y la labor conjunta – de tantos asociados dentro y fuera de las paredes de este salón.

 

En los días cruciales que tenemos por delante, sigamos avanzando. Aprovechemos este momento tan valioso. Llevemos nuestro trabajo a un nuevo nivel. Creemos una unión más fuerte, mejor, más justa y – a fin de cuentas – más perfecta.

 

Gracias a todos.