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El Secretario de Justicia de los Estados Unidos Eric Holder habla en el evento anual del King Center en homenaje a Martin Luther King Jr.
Atlanta ~ Lunes, 17 de enero de 2011
El Secretario de Justicia de los Estados Unidos Eric Holder habla en el evento anual del King Center en homenaje a Martin Luther King Jr.

ATLANTA — Buenos días. Es un honor transmitirles los saludos del Presidente Obama, los miembros de su Gabinete, y mis colegas en el Departamento de Justicia. También estoy agradecido por la oportunidad de estar con tantos líderes y amigos extraordinarios al celebrar la vida y el trabajo del ex pastor de Ebenezer y el "principal tamborilero por la justicia" de nuestra nación, el Reverendo Dr. Martin Luther King, Jr.

Hoy también celebramos los aportes de su esposa maravillosa, una mujer que con frecuencia dijo que se casó con no apenas un hombre sino también un movimiento, y fue una fuerza para el cambio por sí misma, Coretta Scott King.

A lo largo de su vida, tan genialmente, el día antes de su muerte, al hacer su legendario discurso "Cima de la montaña", el que sería su último sermón, el Reverendo King se preguntó cuándo viviría, si se le diera la oportunidad de vivir en cualquier era de la historia.

Esta pregunta inició un viaje a través de eras. En cada parada - ya sea en el Monte Olimpo o en la antigua Roma, la firma por Lincoln de la Proclamación de la Emancipación o el llamamiento de Roosevelt a temerle solo al temor en sí - el Dr. King se preguntó a qué era elegiría pertenecer. La propia, decidió, explicando la felicidad originada en abrazar las bendiciones y las cargas del destino y las oportunidades que acompañan al vivir en épocas de desafíos sin precedentes. "Sé", dijo, "que solo se pueden ver las estrellas cuando está lo suficientemente oscuro".

Hoy, una vez más, está lo suficientemente oscuro.

La semana pasada, el desenfreno sin sentido en Tucson, Arizona, nos recordó que, más de 40 años después de la muerte trágica del Dr. King, nuestra larga lucha para acabar con el sufrimiento y erradicar la violencia continúa. Pero hoy, nuevamente, podemos ver las estrellas.

Las vemos en la valentía de un marido que murió protegiendo a su esposa contra una ráfaga de balas; en la gentileza de extraños que corrieron a ayudar a los necesitados; y en la fuerza de una congresista joven y enérgica cuya lucha por su propia vida sirvió de inspiración a cada uno de nosotros.

Mientras seguimos lamentando las vidas recientemente perdidas, orando por las personas que hoy necesitan recuperación y consuelo, volvamos a asumir el compromiso de seguir adelante con el trabajo del Dr. King y respetar los valores que fueron el centro de su vida: la tolerancia, la falta de violencia, la compasión, el amor, y por sobre todas las cosas, la justicia.

Me gustaría que el Dr. King pudiera estar aquí con nosotros hoy y ver los Estados Unidos que ayudó a crear. Me gustaría que el Dr. King pudiera ver la buena voluntad y los buenos actos para los que sirve de inspiración. Me gustaría que el Dr. King pudiera ver que su lugar de culto sigue siendo un lugar de aprendizaje, de recuperación y de esperanza; y que la nación por cuya mejora tanto luchó pronto homenajeará su memoria al consagrar un monumento en Washington, D.C., nuestro "National Mall", cerca de los monumentos al primer Presidente de nuestra nación y su Gran Emancipador.

Hoy, debemos fijar los ojos en nuestro país como lo hizo el Dr. King. Hace medio siglo él vio no solo grandes retos, sino también oportunidades extraordinarias. Y vio, claramente, que para que toda persona pudiera ser libre, nuestra sociedad entera debía sufrir una transformación.

A pesar de las probabilidades en su contra, no se sintió disuadido. A pesar de los obstáculos que enfrentaba, mantuvo su fe. Y, a pesar de quienes intentaron detenerlo, probó que, en el gobierno que sea, aquí en los Estados Unidos, no es imposible un cambio de gran escala, amplio y justo. No es demasiado audaz. No es demasiado ambicioso. Y no es solo la jurisdicción de Dios y la oración.

Cada uno de nosotros tiene el poder de mejorar el mundo que nos rodea. Cada uno de nosotros tiene la responsabilidad, el deber, de hacerlo. Cada uno de nosotros debe actuar.

El ejemplo del Dr. King prueba que, en la labor de promover la paz y asegurar la justicia, una sola persona puede marcar una diferencia. Las acciones individuales cuentan. Y aquellos que estén dispuestos a marchar hacia el progreso, defender un principio, o simplemente tomar asiento en una sala de tribunal o de aula, en un mostrador de almuerzo o delante de un autobús, pueden ayudar a cambiar el mundo.

Por supuesto, no se trata de un trabajo fácil. Y sabemos que puede tener como inspiración la frustración con la misma frecuencia que la fe. Pero una de las lecciones más importantes que el Dr. King nos dejó es que está bien sentirse frustrado, impaciente, insatisfecho, si nos lleva a tomar medidas.

El Dr. King se sentía insatisfecho cuando cualquier persona, en cualquier lugar, enfrentaba la discriminación y la opresión. Se sentía insatisfecho cuando se le negaba a la gente de color acceso a espacios públicos, a oportunidades educativas, y a buenos empleos.

Se sentía insatisfecho cuando no se les permitía a ciudadanos que amaban a este país, incluidos los que habían servido honorablemente a esta nación en sus uniformes, votar o se los desalentaba violentamente a que participaran en elecciones. Y se sentía insatisfecho cuando, al buscar cumplir su sueño de un Estados Unidos justo e inclusivo, se le dijo que "esperara", "se calmara" o se "echara atrás".

¿Y si hubiera escuchado? ¿Si hubiera cedido a la duda y el cinismo? ¿Si se hubiera dado por vencido? ¿Y si hubiera sido paciente? Piensen dónde podríamos encontrarnos ahora. Nuestra nación no hubiera logrado el progreso que ha acercado a los Estados Unidos a sus principios fundadores, y hecho de nuestro país un lugar más leal a los documentos de su fundación. Me cuesta imaginarme que estaría parado ante ustedes aquí hoy en lo que sería el 82º cumpleaños del Dr. King, como el 82º Secretario de Justicia de los Estados Unidos.

Cuando considero las oportunidades que he tenido, y mis padres no tuvieron, me siento sumamente dichoso. Me siento orgulloso de nuestra nación. Pero, como el Dr. King, también estoy insatisfecho.

Estoy insatisfecho porque, aquí en Atlanta, haya vecindarios en los que es más probable que los jóvenes acaben en la prisión que en la universidad; y porque, en los Estados Unidos de hoy, más de un millón de jóvenes son pandilleros activos.

Estoy insatisfecho porque más de 1.5 millones de niños estadounidenses tienen un padre o una madre en prisión, y porque la mayoría de los niños estadounidenses, más del 60 por ciento, han sido expuestos a la delincuencia, el abuso y la violencia.

Estoy insatisfecho porque, aunque los índices de delincuencia vienen cayendo constantemente hace décadas, las muertes debido a armas de fuego han aumentado cada año desde 2002. Y estoy insatisfecho porque, a lo largo de los últimos 12 meses, el número de agentes de la policía que murieron debido a violencia con armas de fuego ha aumentado más de un 40 por ciento.

Por lo tanto, sí, como el Dr. King, y como muchos de ustedes, estoy insatisfecho. Pero tengo esperanza. Creo que, como pueblo, tenemos la capacidad de concentrarnos en asuntos que son verdaderamente consecuenciales, y pasar por alto los temas triviales que solo sirven para dividirnos. Y estoy seguro de que el progreso continuo de los Estados Unidos dependerá de nuestra capacidad de unirnos, con corazones abiertos y manos extendidas, y mantener la fe en los ideales que sirvieron de orientación al trabajo del Dr. King y que han hecho con que nuestra nación fuera grandiosa.

Esta capacidad está en nuestro interior. El Dr. King reconoció esto. Y nuestra historia nos ha demostrado que, en momentos de peligro máximo, el pueblo de los Estados Unidos encuentra maneras de unirse. Ha llegado el momento. Debemos hacerlo nuevamente.

Que Dios siga bendiciendo nuestra labor. Que Dios siga bendiciendo la memoria de uno de sus grandes servidores. Y que Dios siga bendiciendo a los Estados Unidos de América.

Gracias.