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El Secretario de Justicia de los Estados Unidos Eric Holder habla acerca de las prioridades y la misión del Departamento de Justicia
Washington, D.C. ~ Lunes, 25 de abril de 2011

Buenos días, y gracias a todos por estar aquí – y por sintonizar desde oficinas del Departamento de Justicia de todo el país.   Es un gusto acompañar a Lee [Lofthus] en darles la bienvenida a los muchos colegas y asociados tan importantes aquí hoy.

También deseo agradecerles a Lee – y a cada uno de nuestros Secretarios de Justicia Auxiliares, nuestro Subsecretario de Justicia y todos los responsables por nuestros componentes – por su liderazgo sobresaliente en el Departamento, y por la orientación valiosa que me han brindado a lo largo – de los últimos dos años. Y aunque no pudo estar presente hoy, también deseo agradecer a nuestro Secretario de Justicia Adjunto, Jim Cole, por su asociación dedicada y amistad – no solo a lo largo de las últimas décadas, ya que ambos – comenzamos nuestras carreras en este grandioso Departamento – recién salidos de la escuela de leyes.

Hace casi 35 años, llegué aquí, a este edificio, para comenzar a trabajar en mi "empleo soñado" como abogado de línea de la Sección de Integridad Pública de la División de lo Penal.   El día antes de comenzar a trabajar me había mudado de la Ciudad de Nueva York, asegurándoles a mis amigos y familiares que solo estaría en Washington un par de años.   Eso fue en 1976.

Lo que no sabía en ese entonces– pero que pronto descubrí – es que se me había dado una oportunidad que ocurre una sola vez en la vida: la oportunidad de formar parte de un equipo altamente competente y motivado – un grupo extraordinario de hombres y mujeres quienes – con una causa común y a través de la acción individual – estaban reafirmando los principios fundadores de nuestra nación de la libertad, la igualdad y la seguridad; ayudando a darle forma al futuro de los Estados Unidos, y tomando pasos innovadores conjuntos para proteger a nuestros conciudadanos.

Al contribuir para este trabajo – nuestra labor – se volvió rápidamente, y sigue siendo, la experiencia más emocionante y gratificante de mi vida profesional.   En los años en que he tenido el privilegio de servir a este Departamento, he trabajado al lado de algunos de los abogados, agentes de las fuerzas del orden público y servidores públicos más talentosos y dedicados – y he aprendido de ellos. Cada día, ustedes y sus compañeros – un equipo que ahora cuenta con más de 114,000 miembros – llevan a cabo sus importantes tareas con los objetivos simples, pero esenciales, de proteger y mejorar vidas – y buscar la justicia en cada caso, cada circunstancia y cada comunidad.   

Ustedes demuestran cómo la ley puede ser una fuerza poderosa para el bien – una protector de las personas a las que servimos, y promotora del cambio y del progreso, la tolerancia y la inclusión, la paz y la prosperidad.   Y han probado que, al asegurar la justicia para todos – oportunidades para todos y seguridad para todos – una única persona puede marcar una diferencia.  

Como ustedes, amo a este Departamento.   Y, como ustedes, estoy orgulloso – no solo de servirle, sino de abogar por su trabajo.

Hace apenas poco más de dos años, lanzamos juntos un nuevo capítulo de la historia extraordinaria del Departamento.  Y me sentí honrado de que – en ese día de febrero – tantos de ustedes me hayan dado la bienvenida.   Ese día, parado ante ustedes – mientras pronunciaba mi juramento para el último cargo que ocuparé aquí – detallé tres prioridades que servirían de orientación para nuestro trabajo.   En primer lugar, y más importante que todo, prometí que la principal prioridad del Departamento – y nuestra mayor responsabilidad – sería proteger a la seguridad, los derechos y los intereses del pueblo estadounidense.  

También prometí darle nuevo vigor a las misiones tradicionales del Departamento y aportar nueva vida a áreas importantes que habían sido pasadas por alto en los últimos años.

Finalmente, prometí sanar al Departamento – al reparar su estado de ánimo y restaurar su credibilidad.   Cuando era un joven abogado, vi a mi primer jefe y uno de mis héroes personales – el Secretario de Justicia Edward Levi – hacer exactamente eso enseguida después del escándalo de Watergate.   En un momento de profunda división nacional – y cinismo generalizado y desconfianza en el gobierno – proporcionó el liderazgo y la visión necesarios para la unión de este Departamento, para elevar los estándares y para recordar al pueblo estadounidense por qué esta institución – y su trabajo para proteger a esta nación – son esenciales, y el efecto positivo que tiene sobre cada ciudad y comunidad, cada vecindario y cada hogar, y cada vida.  

Dos años más tarde, me complace poder decir que mantuvimos nuestra palabra.   Gracias al – trabajo arduo que ustedes realizan, su compromiso, su disposición para el sacrificio y su afán de mejorar las vidas de los demás – hemos logrado progresos significativos y mensurables al cumplir las promesas que realizamos al pueblo de los Estados Unidos.

Por supuesto, no siempre ha sido fácil.   Los empleados del Departamento de Justicia enfrentan algunos de los retos más grandes y problemas más complejos del gobierno.   Y el trabajo que ustedes realizan nunca ha sido más difícil.  

Juntos, hemos sido testigos de la catástrofe ambiental más grave que ha vivido nuestra nación, y hemos respondido a una crisis financiera histórica que causó daños graves a nuestra economía.   Hemos enfrentado organizaciones criminales cada vez más sofisticadas, y hemos trabajado para mantenernos al día con las tecnologías de vanguardia que han brindado nuevas oportunidades a los delincuentes para cometer robo y fraude.   Hemos respondido a demandas crecientes y operado con recursos limitados – y ustedes se pusieron a la altura de las circunstancias cuando se les pidió que hicieran más con menos.   Y, al enfrentar y superar una amplia gama de desafíos, hemos sostenido una batalla constante contra enemigos determinados – y en constante evolución.  

Juntos, hemos lamentado la pérdida de vidas inocentes.   Hemos luchado para comprender – y prevenir – actos de violencia abominables.   Y hemos homenajeado a héroes de las fuerzas del orden público quienes – en cumplimiento del deber y al servicio de su país – hicieron el mayor de los sacrificios.

Sin embargo, a pesar de estos y otros retos, hemos tomado pasos esenciales para cumplir con los objetivos – y las responsabilidades – que detallé hace dos años.

Hemos frustrado complots terroristas graves y terrorist plots.   Hemos adaptado nuestras operaciones para identificar y desmantelar amenazas contra la seguridad nacional.   Y hemos enjuiciado a más terroristas que en cualquier otro periodo de dos años de la historia.

Además de promover nuestra labor de seguridad nacional, hemos reformado y reforzado la manera en que funciona el Departamento.   Hemos encontrado maneras innovadoras de promover la transparencia, la responsabilidad asumida y el profesionalismo en todos nuestros componentes.   Hemos restablecido la autoridad de funcionarios de carrera de tomar decisiones de contratación de personal.   Hemos lanzado importantes iniciativas para promover la diversidad en todos los escalafones del Departamento y asegurar que todos los ciudadanos estadounidenses – independientemente de donde vivan o cuánto dinero ganen – tengan acceso a nuestro sistema de justica.   Hemos desarrollado programas de capacitación y herramientas nuevas para garantizar los más altos estándares de conducta entre los fiscales.   Y hemos señalado que, una vez más, la División de Derechos Civiles está en pleno funcionamiento y es leal a sus principios fundadores.  

En todo el Departamento, y en nuestras Fiscalías Federales, hemos elevado tanto los estándares como los ánimos – y hemos restaurado la confianza pública en nuestra labor crítica.   También hemos demostrado que, si se cometen errores en el camino, los reconoceremos; actuaremos de inmediato para corregirlos, y seguiremos adelante con los objetivos centrales de proteger – y lograr la justicia para todo – el pueblo de los Estados Unidos.  

También hemos realizado inversiones estratégicas para revitalizar las misiones tradicionales del Departamento – inversiones que ya producen dividendos. Hemos dado nuevo vigor a nuestro trabajo conjunto con las fuerzas del orden público estatales y locales para hacer de nuestras comunidades lugares más seguros.    Y hemos brindado asistencia dirigida y basada en pruebas a comunidades bajo la Ley de Recuperación y a través de nuestros importantes programas de subsidios.  

A lo largo de los últimos años, hemos entablado un número récord de demandas penales por violación de los derechos civiles, y hemos logrado la mayor suma de la historia en recuperaciones en demandas civiles para los contribuyentes y las víctimas.    Hemos encabezado iniciativas en todo el ámbito del gobierno para responder al mayor derrame de petróleo de la historia de nuestro país, y hemos asegurado que los contribuyentes no pagaran por la limpieza.    La semana pasada logramos una condena – en el mayor enjuiciamiento de fraude bancario de esta generación – contra el ex presidente de una empresa privada de préstamos hipotecarios por su papel en un ardid fraudulento de casi 3 mil millones de dólares.

Además, hemos fortalecido el imperio de la ley en todo nuestro país y más allá de nuestras fronteras – y hemos establecido las asociaciones internacionales necesarias para combatir amenazas globales y delitos del Siglo 21.   Y, hemos ayudado a promover importantes cambios en políticas y legislación – incluida la reducción de la disparidad en las sentencias por delitos asociados al crack/cocaína en polvo, la aprobación de la legislación por delitos de odio, y la implementación de reformas para garantizar que pruebas de ADN se utilicen para condenar a los culpables y exonerar a los inocentes.

El trabajo que ustedes realizan es importante.   Y el éxito que han alcanzado es un gran logro.   Su atención y compromiso constantes para con la colaboración, el sueño que han sacrificado y el tiempo con sus familias que han limitado, las horas que han pasado en oficinas y tribunales, detrás de los bastidores de investigaciones y en las líneas de frente de iniciativas de seguridad comunitaria que funcionan – han producido un cambio positivo.   Han permitido que nuestros conciudadanos conozcan la paz y la seguridad, manteniendo la fe en el sistema de justicia de nuestra nación.

Merecen – y se han ganado – mi más profunda gratitud.   Ustedes son patriotas en todo el sentido de la palabra.   A lo largo de los últimos dos años, no solo han logrado que nuestra nación fuera un lugar más seguro, sino también más fuerte.   Estoy orgulloso – cada uno de ustedes deben estar orgullosos – de lo que han logrado.

Sin duda, los resultados que hemos logrado han sido históricos.   Pero aún no estoy satisfecho.   Y tampoco quiero que ustedes lo estén.

Al considerar el camino a tomar a partir de ahora, recuerdo cuando el Secretario de Justicia Levi aseguró – hace 35 años – que "la agenda del Departamento es inevitablemente incompleta, y es siempre ilimitada".

Ilimitadas, también, son las oportunidades que se nos presentan.   Por lo tanto, hoy, al mirar hacia el futuro, tomaremos acción en cuatro áreas clave para cumplir con una misión central: proteger al pueblo de los Estados Unidos.   Estas prioridades nos permitirán ampliar el récord de éxitos que establecimos, y guiarán nuestras iniciativas futuras.  

En primerísimo lugar: protegeremos a los ciudadanos de los Estados Unidos contra el terrorismo y otras amenazas contra la seguridad nacional – tanto internamente como en el exterior.   Utilizando todos los recursos disponibles y las herramientas correspondientes, seguiremos desmantelando complots terroristas, frustrando potenciales ataques, y enjuiciando enérgicamente a quienes busquen perjudicar a nuestra nación y nuestro pueblo.   Combatiremos enérgicamente las amenazas emergentes en todo el mundo y en nuestro país, y mejoraremos nuestra capacidad de reunir y analizar inteligencia accionable.   Llevaremos a cabo iniciativas de extensión comunitaria, a fin de prevenir el terrorismo antes que ocurra.   Estaremos atentos – no solo en lo que se refiere a organizaciones terroristas internacionales, sino también grupos extremistas, milicias y otras amenazas originadas en nuestro propio país.   Permítanme ser claro con respecto a esto: seguiremos confiando en nuestra herramienta más poderosa y comprobada para enjuiciar a los terroristas – nuestro sistema de justicia federal.

Estas iniciativas para promover la seguridad nacional se encuentran entre las tareas más importantes que realizamos. Como hemos aprendido – de las maneras más dolorosas – nuestra nación está en guerra con un enemigo determinado que busca perjudicar los intereses estadounidenses – y causar daño a nuestra gente – aquí y en el exterior.   Pero podemos vencer a este enemigo – y lo haremos sin comprometer los valores que han hecho grandioso a nuestro país.   De hecho, solo manteniendo nuestros principios más sagrados y apreciados podremos tener éxito en esta lucha.

Segundo: protegeremos a los ciudadanos estadounidenses contra los delitos violentos que han afectado a tantas comunidades, devastado a tantas familias y robado tanto futuros prometedores.   Una de las maneras clave en que reforzaremos la prevención contra los delitos violentos es aumentar nuestro apoyo a agentes de las fuerzas del orden público que arriesgan sus vidas cada día para la seguridad de nuestras comunidades.   Si bien todos sabemos que los índices de delitos violentos han caído en todo el país, queda claro que es mucho el trabajo que queda por hacer.   En los últimos meses, hemos observado un aumento alarmante en las fatalidades con agentes y en el número de muertes de agentes de las fuerzas del orden público ocurridas en cumplimiento del deber.   Esto es sobrecogedor e inaceptable.   Y es el motivo por el cual seguimos realizando inversiones para proveer equipos de protección, capacitación y capacidades para compartir información a nuestros hombres y mujeres valientes en el campo.

También invertiremos en investigación científica para asegurarnos de que este Departamento sea tanto exigente como astuto en lo que se refiere a la delincuencia, y que nuestras decisiones sean económicamente acertadas.   Esto significa trabajar estrechamente con asociados estatales, locales y tribales.   También significa ampliar nuestro apoyo para estrategias eficaces de prevención, intervención, coacción e reincorporación a la sociedad.   A través de una mejor comprensión del ciclo de la violencia – y la aplicación de soluciones dirigidas en cada una de sus fases – podemos detener y desmantelar los patrones violentos.   Este trabajo no podría ser más urgente.   Hoy, 1 de cada 100 adultos estadounidenses es encarcelando – y dos tercios de las personas que salen de nuestras cárceles y prisiones vuelven a ser arrestadas en algún momento.   Esto no es aceptable.   El ayudar a nuestros jóvenes a evitar vidas de violencia y delincuencia – y brindar apoyo a aquellos que cumplieron sus penas y están luchando para volver a pertenecer y realizar aportes a sus comunidades – no es apenas un enfoque de seguridad pública comprobado.   Es un imperativo económico.   Y es nuestra obligación moral.

El combate efectivo de la delincuencia violenta también exige que – con la ayuda y el liderazgo de nuestras Fiscalías Federales, así como del Buró Federal de Investigaciones [Federal Bureau of Investigation (FBI)], el Buró de Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego [Bureau of Alcohol, Tobacco and Firearms (ATF)], la Administración de Control de Drogas [Drug Enforcement Administration (DEA)] y el Servicio de Alguaciles Federales – sigamos combatiendo la violencia asociada a pandillas, armas de fuego y drogas, que pone en riesgo a nuestras calles y nuestras comunidades.   A través de enjuiciamientos impulsados por la inteligencia y basados en la amenaza– nos concentraremos en desmantelar organizaciones delictivas y acabar con sus operaciones para siempre.   Al hacerlo, lucharemos por mantener las armas de fuego fuera de las manos de delincuentes y de quienes no cuenten con permiso legal para portarlas.

Tercero: protegeremos a los ciudadanos estadounidenses contra el fraude financiero que devasta a consumidores, le cuesta dinero a nuestros contribuyentes, debilita nuestros mercados e impide nuestra recuperación económica en curso.   Como hemos observado, el impacto del delito financiero no se limita a Wall Street, y muchas veces, las víctimas del fraude trabajaron arduamente y respetaron todas las reglas de inversión establecidas, solo para ver cómo se desvanecían su jubilación y sus ahorros en manos de delincuentes de cuello blanco.

A lo largo de los últimos dos años, a través de asociaciones interagencias reforzadas y nuevas iniciativas conjuntas – tales como la Fuerza de Tarea de Coacción contra el Fraude Financiero y el Equipo de Acción de Prevención y Coacción contra el Fraude de Atención Médica – hemos transformado la manera en que tratamos los delitos financieros.   No solo hemos logrado recuperaciones récord por un total de miles de millones de dólares, sino que hemos incrementado la concientización sobre estos delitos y mejorado la capacidad de consumidores y víctimas de denunciar sospechas de ardides fraudulentos.   En los próximos meses, debemos llevar todas estas iniciativas a otro nivel.  

Investigaremos enérgicamente los delitos financieros y aseguraremos que quienes los cometan paguen por sus actos – a través de sentencias prolongadas y restitución a los contribuyentes, así como a las víctimas.    Para identificar las maneras más eficaces de prevenir y combatir el fraude financiero, líderes sénior del Departamento seguirán reuniéndose con víctimas, proveedores médicos, líderes empresariales y asociados clave gubernamentales y de las fuerzas del orden público de todo el país.    También trabajaremos para llevar nuestras fuerzas de tarea de Fraude de Atención Médica y Acción de Coacción [Healthcare Fraud Prevention and Enforcement Action Team (HEAT)] a nuevas áreas problemáticas, y ampliar otros programas exitosos que nos permitan maximizar tanto nuestra eficiencia como nuestro impacto.

Finalmente, protegeremos a los que más necesitan nuestra ayuda – nuestros niños, los ancianos, las víctimas de delitos de odio, del tráfico de personas y de la explotación – y a quienes no puedan hablar por sí mismos o defenderse.   Aseguraremos que nuestros niños tengan ambientes seguros y saludables para vivir, aprender y jugar.   Protegeremos a nuestros ancianos contra el abuso y nuestros jóvenes contra vivir la violencia – o ser testigo – de ella.   Y haremos valer nuestras leyes de derechos civiles para garantizar que – en nuestros lugares de trabajo y bases militares; en nuestros mercados de la vivienda y de préstamos; en nuestras cabinas electorales, áreas fronterizas y salas de juntas; en escuelas y lugares de culto – todos los ciudadanos de este país estén protegidos.

En los días críticos que nos esperan, estas cuatro prioridades esenciales – proteger a nuestros conciudadanos contra amenazas contra la seguridad nacional, protegerlos contra la delincuencia violenta, protegerlos contra el fraude financiero, y proteger a los miembros más vulnerables de nuestra sociedad – servirán de orientación para nuestra labor.   Y darán forma a nuestro legado.  

Al ocuparnos de cada una de ellas, seguiremos actuando como defensores responsables del valioso dinero de nuestros contribuyentes.   Y buscaremos maneras nuevas de alinear operaciones, maximizar recursos, y ampliar nuestra labor al crear y reforzar asociaciones.

Hace casi medio siglo – el 25 de abril de 1963 – el Secretario de Justicia de los Estados Unidos Robert Kennedy deliberó acerca de la responsabilidad más crítica – y fundamental – del Departamento de Justicia: crear "un mundo mejor y más seguro; un mundo...en el que la gente sea libre para demostrar su propio talento y cumplir con sus propio destino".

Eso es lo que cada uno de nosotros debe hacer, como dijo el Secretario de Justicia de los Estados Unidos Kennedy, "cuando llegue nuestro momento".

Este es nuestro momento.   Este es nuestro momento.   Esta es nuestra oportunidad de reforzar las grandiosas tradiciones de este Departamento, ampliar sus logros más notables, honrar los aportes de quienes sirvieron antes que nosotros y crear un mundo que refleje nuestras aspiraciones para generaciones futuras.

Al examinar la larga historia de este Departamento, queda claro que – si asumimos el compromiso – es posible lograr un cambio.   Progresos improbables – y previamente inimaginables – son posibles.   Y hasta el mayor y más persistente de los obstáculos puede superarse.  

Lo que perdura – lo que más importa – es la labor que nos espera.   La labor que realizamos para el pueblo al que servimos.   La labor que es nuestro gran privilegio, nuestra vocación urgente y honorable, la oportunidad que se nos da una sola vez en la vida.

Por lo tanto, asumamos un nuevo compromiso con esta labor.   Aprovechemos al máximo las oportunidades que se nos presentan en este momento.   Y permitamos que esta era de la historia del Departamento se distinga como otra era más de logros y progreso.

Gracias a todos por sus aportes para lo que logramos – y lo que – lograremos.   Les agradezco a cada uno de ustedes.   Estoy orgulloso de cada uno de ustedes.   Y, como nuestros conciudadanos, cuento con cada uno de ustedes.  

Dejemos esta sala hoy reasumiendo – cada día – el compromiso de lograr que nuestra nación sea un lugar más seguro y más justo.   Los desafíos que nos esperan son grandes, y nuestras tareas son numerosas, pero nuestra capacidad de hacer cosas grandiosas es evidente.   Podemos hacer estas cosas si capturamos – este momento – y este futuro.   Por lo tanto, comencemos.

Gracias.