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El Secretario de Justicia de los Estados Unidos Eric Holder habla en el desayuno de oración de la Iglesia Baptista Martin Luther King Jr. de Shiloh
Washington, DC
United States
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15/01/2011

Gracias, Jocelyn [Frye]. Estoy agradecido por tener esta oportunidad de hablar con ustedes, orar con ustedes y acompañarlos en esta celebración tan especial. Gracias por hacerme sentir parte de la familia de Shiloh.

Hoy, en comunidades de todos los Estados Unidos y, especialmente en templos como este, el espíritu del Dr. Martin Luther King, Jr. sigue vivo. Su memoria sigue presente. Su legado sigue guiándonos. Y sus palabras aún tienen el poder de enseñarnos y consolarnos.

El legado del Dr. King nos une. Y esta mañana, al reunirnos para prestar homenaje a su vida, también estamos unidos por un dolor común.

Hace una semana, el desenfreno sin sentido en Tucson, Arizona, nos recordó a cada uno de nosotros que, más de 40 años después de la muerte trágica y prematura del Dr. King, nuestra larga lucha para acabar con el sufrimiento, erradicar la violencia y promover la paz continúa.

En momentos como este, momentos de dolor y pérdidas inexplicables, el poder del ejemplo del Dr. King y la importancia de sus contribuciones pasan a ser un punto de concentración. Por lo tanto, mientras continúa nuestro duelo por las personas que hemos perdido, mientras oramos por los lesionados, también debemos asumir un nuevo compromiso de continuar y llevar adelante la labor del Dr. King.

Hace ya un cuarto de siglo, los ciudadanos de los Estados Unidos se reúnen el Día del Dr. Martin Luther King para hacer justamente eso. Cada año, recibimos una nueva oportunidad de volver a dedicarnos a la visión de igualdad racial y social del Dr. King, a sus esfuerzos para ampliar la oportunidad económica, y los valores centrales a sus sermones, la raíz de sus acciones, el centro de su carácter y de su vida: la tolerancia, la falta de violencia, la compasión, el amor, y por sobre todas las cosas, la justicia.

El mundo de hoy es muy distinto al que dio forma y definió la vida del Dr. King. Gracias al Dr. King, gracias a quienes compartieron su sueño y lo acompañaron en su trabajo, es un lugar mejor.

Aun no hemos llegado al punto que queremos, y debemos, llegar. Muy lejos de ello. Sin embargo, en los años después de que el Dr. King encabezó la marcha que ayudó a transformar su era y ampliar las posibilidades de hoy, se ha progresado mucho.

Me gustaría que el Dr. King pudiera estar aquí con nosotros hoy y ver los Estados Unidos que ayudó a crear. Me gustaría que el Dr. King pudiera ver la buena voluntad y los buenos actos para los que sirve de inspiración. Me gustaría que el Dr. King pudiera ver que su lugar de culto sigue siendo un lugar de aprendizaje, de recuperación y de esperanza; y que la nación por cuya mejora tanto luchó pronto homenajeará su memoria al consagrar un monumento en nuestro National Mall, cerca de los monumentos al primer Presidente de nuestra nación y su Gran Emancipador.

El Dr. King dejó este mundo demasiado pronto. Pero cada día recordamos los muchos obsequios que nos dejó: palabras de sabiduría para escuchar; un ejemplo que seguir; huellas que guían nuestros propios pasos; y una gran responsabilidad que, ahora, recae sobre nuestros hombros.

El Dr. King habló con frecuencia de "la feroz urgencia del ahora". Cuando veía injusticias en el mundo, sentía la necesidad de actuar, y de hacerlo de inmediato, con propósito y en conjunto.

Cuando miraba a su nación, veía no solo grandes desafíos, sino también oportunidades extraordinarias. Vio posibilidades infinitas. Y vio, claramente, que para que toda persona pudiera ser libre, nuestra sociedad entera debía sufrir una transformación. A pesar de las probabilidades en su contra, no se sintió disuadido. A pesar de los obstáculos que enfrentaba, mantuvo su fe. Y, a pesar de quienes intentaron detenerlo, probó que, aquí en los Estados Unidos, no es imposible un cambio de gran escala, amplio y justo. No es demasiado audaz. No es demasiado ambicioso. Y no es solo la jurisdicción de Dios.

Cada uno de nosotros tiene el poder de mejorar el mundo que nos rodea. Y cada uno de nosotros, creo, la responsabilidad de hacerlo.

No es un trabajo fácil. Y sabemos que puede tener como inspiración la frustración con la misma frecuencia que la fe. Pero una de las lecciones más importantes que el Dr. King nos dejó es que no está mal sentirse frustrado. No está mal ser impaciente. Y, cuando no se progresa rápidamente o plenamente, no está mal estar insatisfecho. De hecho, es importante sentirse insatisfecho si nos lleva a poner manos a la obra.

La raíz de la fuerza del Dr. King fue su insatisfacción. Fue su hambre de justicia, su sed de paz, y su empatía por los demás que ayudaron a motivar la lucha de su vida entera para asegurar derechos iguales, justicia igualitaria y oportunidades iguales.

El Dr. King se sentía insatisfecho cuando cualquier persona, en cualquier lugar, enfrentaba la discriminación y la opresión. Se sentía insatisfecho cuando se le negaba a la gente de color acceso a mostradores de almuerzo, a oportunidades educativas, y a buenos empleos.

Se sentía insatisfecho cuando no se les permitía a ciudadanos que amaban a este país, y servían honorablemente a esta nación, votar o se los desalentaba violentamente a que participaran en elecciones. Y se sentía insatisfecho cuando, al buscar cumplir su sueño de un Estados Unidos justo e inclusivo, se le dijo que "esperara", "se calmara" o se "echara atrás".

¿Y si hubiera escuchado? ¿Si hubiera cedido a la duda y cinismo? ¿Si se hubiera dado por vencido? Piensen dónde podríamos encontrarnos ahora. Me cuesta imaginarme que estaría parado ante ustedes aquí hoy en lo que sería el 82º cumpleaños del Dr. King, como el 82º Secretario de Justicia de los Estados Unidos.

Cuando considero las oportunidades que he tenido, me siento sumamente dichoso. Me siento orgulloso de nuestra nación. Y me siento agradecido por mis familiares, amigos y colegas, con cuyo apoyo he contado y sigo valorando. Pero, como el Dr. King, también estoy insatisfecho.

Estoy insatisfecho de que, aquí en la capital de nuestra nación, existen vecindarios donde es más probable que los jóvenes vayan a la prisión que a la universidad; donde los pre-adolescentes ya han jurado lealtad a una vida de violencia y delincuencia.

Estoy insatisfecho de que, hoy, en Washington, más de 2,500 jóvenes sean pandilleros activos; y que la mayoría de los hogares afroestadounidenses de esta ciudad no incluyan un padre. 

Estoy insatisfecho porque más de 1.5 millones de niños estadounidenses tienen un padre o una madre en prisión, y porque la mayoría de los niños estadounidenses, más del 60 por ciento, han sido expuestos a la delincuencia, el abuso y la violencia.

Estoy insatisfecho porque, aunque los índices de delincuencia vienen cayendo constantemente hace décadas, las muertes debido a armas de fuego han aumentado cada año desde 2002. Y estoy insatisfecho porque, a lo largo de los últimos 12 meses, el número de agentes de la policía que murieron debido a violencia con armas de fuego ha aumentado más de un 40 por ciento.

Por lo tanto, sí, como el Dr. King, y como muchos de ustedes, estoy insatisfecho. Pero tengo esperanza. Ocasiones como esta, y salones llenos de asociados dedicados y determinados, hacen que sea optimista con respecto al futuro.

El año antes de morir, cuando su larga dedicación comenzó a rendir frutos, y cuando los cambios por los que trabajó finalmente comenzaban a ocurrir, el Dr. King preguntó genialmente: "Y ahora, ¿adónde vamos?"

Hoy, debemos considerar la pregunta del Dr. King.

No se puede responder a la misma rápida o fácilmente. Pero se la puede y debe responder reuniéndonos, compartiendo nuestra inquietudes y nuestros sueños, siendo claros sobre lo que está funcionando y dónde debemos mejorar.

Sí, hay problemas que resolver. Pero hay señales animadoras alrededor nuestro. Estoy orgulloso, en particular, de la labor que se está realizando en el Departamento de Justicia de hoy para proteger la seguridad de nuestra nación, mejorar la seguridad pública, proteger los derechos civiles y asegurar el acceso a la justicia y a las oportunidades. Pero sé que el éxito de mañana, y nuestra capacidad de alcanzar nuestros objetivos y cumplir con nuestras responsabilidades, dependerá de asociados como ustedes.

A lo largo del siglo 19, el siglo 20, y ahora en el siglo 21, los líderes y la congregación de Shiloh han encontrado maneras de ayudar a los necesitados y a las personas sumergidas en el dolor. Nunca han ignorado el sufrimiento. Nunca se han rehusado a un desafío. Y siempre han trabajado para encontrar soluciones.

Ustedes han reunido a agentes de las fuerzas del orden público y residentes de la comunidad. Han ayudado a sembrar la paz en algunos de los vecindarios más peligrosos y divididos de esta ciudad. Han abogado, no solo por la ley y el orden en las comunidades del Distrito, sino también por mayores oportunidades y más apoyo para los jóvenes locales. Y han asegurado que la Iglesia Baptista de Shiloh siga siendo una voz fuerte, y un aliado eficaz, en promover la causa de la justicia.

Gracias por el compromiso de ustedes para con esta labor, y por sus contribuciones para determinar hacia dónde nos dirigiremos y cómo, finalmente, haremos realidad la visión del Dr. King.

Que Dios siga bendiciendo nuestra labor. Que Dios siga bendiciendo esta ciudad. Y que Dios siga bendiciendo a los Estados Unidos de América.

Gracias.